miércoles, 17 de febrero de 2010

Alta perrito

Domingo, 10 de febrero de 2008 (XL Semanal).


Reproduzco aquí (ya que XL Semanal no considera esta parte de su revista lo suficientemente importante como para publicarla por internet) la carta de D. J. de Vega Seoane, titulada «Alta perrito», como aviso para navegantes
.

Hace ya un año vi en la televisión un anuncio que decía: «Envía “alta perrito” al 1234». Se trataba de un vídeo para el móvil en el que un perro lamía la pantalla. Como era calcado al mío decidí enviar el mensaje, que en realidad eran cuatro a noventa céntimos cada uno. Minutos después recibí el material: Like a Virgin, de Madonna. Desilusionado, decidí dejarlo estar; pensé que una reclamación sería una pérdida de tiempo.
Semanas después empecé a recibir mensajes que no asocié con el perrito, en los que se me informaba de que diversas señoritas deseaban conocerme y se me invitaba a responder, cosa que no hice jamás. Recibía 15 o 20 de éstos todos los días. Para darme de baja tenía que enviar un mensaje (otro mensaje) por veinte céntimos. Y yo, que soy orgulloso, pensé que tararí que te vi. Así que los borraba según me iban llegando. Al revisar una factura reciente me di cuenta de que había gastado 300 euros, sólo el último mes, en el servicio SMS Premium. Oliéndome algo, llamé a mi compañía telefónica. Según parece, cuando envié «alta perrito» no es que hubiera pedido únicamente mi perrito-Madonna, sino que, además, me había dado de alta en un servicio de alertas SMS del que nada se decía en el anuncio. En mi ignorancia pagué los cientos de mensajes que ni siquiera leí. Iluso de mí, protesto enérgicamente a la telefonista. La señorita, nada impresionada por mi ira, dice que ellos no tienen nada que ver y me da el número de teléfono de la empresa responsable. Cuando llamo, otra señorita para la que intuyo que mi tono y argumentos son el pan nuestro de cada día, me contesta, desdeñosa, que ellos no pueden ayudarme. Al parecer, tenía que haber comprendido lo que las palabras «alta perrito» ocultaban tras su inocente faz.
Mi perrito, que resultó ser Madonna, me ha costado cincuenta mil pelas.

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