viernes, 9 de julio de 2010

Las señales de tráfico en catalán, una baza segura para burlar las multas.


El Ayuntamiento de Barcelona prefiere no cobrar las sanciones de tráfico recurridas por motivos lingüísticos a rotular las señales en castellano.
Esquivar una multa en Cataluña resulta relativamente sencillo, sobre todo si el motivo de la sanción es un mal estacionamiento. Superado el “shock” de ver estampado el papelito amarillo en el parabrisas, sólo hay que levantar la vista y comprobar si la señal de prohibido aparcar está escrita exclusivamente en catalán. Si es así (cosa que ocurre en el 100% de los casos), la batalla está ganada. Lo demás, es coser y cantar.
El único trámite a realizar es recurrir la penalización arguyendo el incumplimiento de los artículos 56 y 138 de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, relativos al idioma de las señales. Ambos apartados normativos obligan a que «las indicaciones escritas de las señales de tráfico se expresen al menos en el idioma oficial del Estado» -Artículo 56-.
Establecen, asimismo, que esa señalización en las vía pública «figure en idioma castellano, y además, en la lengua oficial de la Comunidad Autónoma cuando la señal esté ubicada en el ámbito territorial de dicha Comunidad» -Artículo 138-. El Ayuntamiento incumple conscientemente esta normativa estatal en pro de la causa lingüística y prefiere renunciar a cobrar las multas recurridas por este concepto a rotular en castellano las señales. «Se tiene perfectamente asumido que cuando las causas son lingüísticas, la multa se desactiva automáticamente. Es la consigna», reconocieron a este diario fuentes municipales.
Joan es uno de los muchos barceloneses que desde hace tiempo recurre a esta picaresca para soslayar las sanciones. «Me he convertido en todo un experto», afirma en declaraciones a ABC.
De hecho, en pocos meses ha logrado esquivar la penalización en tres ocasiones. Las dos primeras por estacionar el vehículo en zona azul -en la que la señalización estaba únicamente en catalán-, y la tercera por aparcar en una zona de prohibición excepcional de estacionamiento a causa de la celebración de un evento deportivo. «Reconozco que se está convirtiendo en un divertimento. Cuando voy deprisa, me dedico a observar las señales y, si están rotuladas sólo en catalán, aparco tranquilo. Ya estoy inmunizado a ver la multa sobre el parabrisas», reconoce.
Ni Joan ni todos los que como él utilizan este atajo para burlar la temida papeleta amarilla entienden cómo no hace nada el Ayuntamiento.
«Es algo incomprensible porque saben perfectamente que mucha gente recurre a esta vía alternativa para esquivar la penalización y, aún así, mantienen la señalización exclusiva en catalán», apunta el barcelonés. “Hobby” aparte, reconoce que se aprovecha de esta circunstancia también como «acto de rebeldía».

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