viernes, 9 de julio de 2010

Los abetos y la cultura mula.


Vetados los árboles de Navidad en Copenhague. Menos mal. ¿Se imaginan que, de no haberse tomado esta multicultural medida, hubiesen llegado los representantes musulmanes para sufrir la afrenta de ver abetos con lucecitas, bastones, estrellitas de hielo, lazos, cajitas de regalos e incluso -miedo da pensarlo- hasta un Papá Noel? Afortunadamente los nórdicos no son muy de Nacimientos, así que por lo menos no se corría el peligro apocalíptico de empeorarlo todo con corchos, aserrines, tres señores con turbante montados en camellos y hasta un Niño Jesús. Gracias a Dios… Vaya por ídem: metí la pata. Rectifico: gracias al Ser Supremo… Tampoco. ¿Y los laicistas radicales? Vuelvo a rectificar: gracias a la enriquecedora diversidad de las culturas en Dinamarca no hay belenistas. Y gracias a las Naciones Unidas se ha evitado ofender a los visitantes haciendo algo tan retorcidamente insultante como decorar con abetos la sede de la conferencia que tiene lugar en la capital del país de los abetos; y además hacerlo con motivos navideños por desarrollarse en las vísperas de la Navidad y en un país de tradición cristiana, desde que el rey Harald abrazó el cristianismo en el siglo X, y protestante, desde el reinado de Federico II en el XVI. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores danés, «debemos recordar que se trata de una conferencia en zona ONU, y ahí no debe haber símbolos navideños porque se desea ofrecer una imagen de total neutralidad»; por lo que «la ONU nos ha indicado que estos árboles no forman parte de la decoración habitual, de modo que obramos en consecuencia» para no ofender «a quienes no comparten los valores que representan».
Uno creía que multiculturalidad era la convivencia de diversas culturas. Pero debe tratarse de una castración que da como resultado una cultura mula, es decir, híbrida y estéril. E ignoraba, aunque lo sospechaba, que lo de la Alianza de Civilizaciones es una rendición de Europa ante mentalidades, por premodernas, antieuropeas (es decir, anticristianas y anti ilustradas: no se engañen, que tanto les debe molestar la cruz como la sonrisa de Voltaire o la peluca de Kant). «De asistir a una cumbre en El Cairo durante el Ramadán -ha dicho un político del Partido Popular danés-, esperaría que se reflejase por toda la ciudad. Lo vería como una oportunidad de vivir la cultura del país que me acoge. No pretendería que en las inmediaciones de la cumbre se dejase de ayunar o no se llamase a la oración». El problema es que para opinar así hay que ser europeo en el más ancho y hondo sentido de la palabra. Y eso está cada vez peor visto.

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