viernes, 9 de julio de 2010

Veto danés a los árboles de Navidad para no ofender a los delegados musulmanes.


Qué mejor idea que un bosque de árboles de Navidad para alegrar la entrada al Bella Center, el desangelado centro de conferencias que acoge la Cumbre de Copenhague. Tan entrañable iniciativa partió la semana pasada de un guarda forestal, Claus Thomsen, que se brindó a transportarlos y replantarlos totalmente gratis.
El Ministerio danés de Asuntos Exteriores, sin embargo, le ha dicho que de ninguna de las maneras, que se corre el riesgo de ofender a los musulmanes, o expresado de un modo más diplomático: «A quienes no comparten los valores que representan los árboles».
«Debemos recordar que se trata de una conferencia en zona ONU, y ahí no debe haber símbolos navideños porque se desea ofrecer una imagen de total neutralidad», ha explicado Sven Olling, portavoz del Ministerio. «La ONU nos ha indicado que estos árboles no forman parte de la decoración habitual, de modo que obramos en consecuencia».
En un principio podría dar la impresión de que el ofrecimiento se ha rechazado por ser climáticamente incorrecto. Un batallón de abetos cargados de luces no es el mensaje más apropiado en un mundo angustiado por el despilfarro energético. Pero el problema no tiene nada que ver con las guirnaldas luminosas, ni con los abetos en cuestión, que son del tipo Normann, especie que cumple todos los requisitos de sostenibilidad imaginables.


El problema se debe a la susceptibilidad musulmana. Los árboles violan esa neutralidad que la ONU debe mantener a toda costa. Al parecer, su sola visión puede suponer un grave insulto, más aún teniendo en cuenta que la cumbre se celebra en plena resaca del referéndum suizo sobre los minaretes y que Dinamarca fue el país donde se gestó la madre de todas las ofensas, las viñetas de Mahoma publicadas en 2005 por el diario Jyllands-Posten.
El guarda forestal Thomsen se lo ha tomado con deportividad: «En tiempos de paz me habría molestado mucho, pero dada la situación actual en el mundo entiendo que exista temor a que los árboles de Navidad puedan provocar a los huéspedes musulmanes».
Menos conciliador se ha mostrado el Partido Popular Danés (DF), aliado parlamentario del Gobierno liberal-conservador caracterizado especialmente por su aversión a todo lo que huela a concesión al Islam. «Es grotesco que se rechace un bosque de abetos que podría ser un hermoso símbolo de nuestra cultura y del país que al fin y al cabo acoge la cumbre», ha dicho Peter Skaarup, vicepresidente del DF. «Parece que la ONU ha alquilado Dinamarca como si fuese un local de reuniones cualquiera sin importarle en absoluto quién es el anfitrión».
«De asistir a una cumbre en El Cairo durante el Ramadán u otra festividad musulmana, yo también esperaría que se reflejase por toda la ciudad», ha añadido Skaarup. «Lo vería como una oportunidad de vivir la cultura del país que me acoge. No pretendería que en las inmediaciones de la cumbre se dejase de ayunar o no se llamase a la oración».

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