jueves, 15 de diciembre de 2011

Mark Twain, ¿demasiado políticamente incorrecto para el nuevo EE. UU.?

 

‘The N-word’ (la palabra que empieza por N), ‘the F-word’… Estados Unidos es conocido por el uso de eufemismos pobremente maquillados para eludir palabras ofensivas como “negrata” o “jódete” en medios de comunicación o discursos públicos. Algunas cadenas incluso retransmiten sus directos con unos segundos de retraso para poder tapar con un pitido los términos malsonantes. Y apenas nadie se rasga las vestiduras por ello.
Pero que la corrección política haya llegado ahora hasta un grande de los grandes de la literatura de este país, Mark Twain, parece haber colmado la paciencia de muchos para quienes Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn son clásicos intocables.
El anuncio de una editorial de Louisville, NewSouth Books, de reeditar las dos novelas más famosas de Twain sustituyendo la palabra “nigger" (término usado de forma despectiva para referirse a las personas de color –sic-) por “esclavo” y hasta la de “indian” por “injun” ha provocado todo un debate en el mundo literario y más allá de las fronteras de las letras.
El propio autor de la reedición, el profesor de lengua inglesa y experto en Twain, Alan Gribben, reconoció lo “controvertido” de su apuesta, que implicó reemplazar unos términos que aparecen un total de 219 veces en las obras.
«Sospecho que los puristas van a estar horrorizados», admitió en una entrevista en la revista especializada Publisher Weekly.
Pero a la vez defendió su decisión: «Hablé con profesores locales que me dijeron que les encantaría enseñar (en clase) esta novela, pero que sienten que ya no pueden hacerlo. En las aulas actuales, realmente es inaceptable», relató.
Gribben usa el mismo argumento en la introducción de la nueva edición de las novelas, que saldrán a la venta el próximo febrero.
«Podemos aplaudir la capacidad de Twain como un prominente realista literario estadounidense de recoger el habla de una región particular durante una era histórica específica, pero los insultos raciales abusivos que implican claras connotaciones de inferioridad repulsan a los lectores de hoy en día», sostiene.
Una cruzada contra el escritor.
Un argumento que sin embargo no acaba de convencer a muchos, como muestra el revuelo mediático que ha producido estos días el anuncio de la reedición de las obras… ¿Censuradas?
«Aquellos que están haciendo una cruzada contra (Mark Twain) no han leído mucha literatura norteamericana», sostiene el escritor, poeta y crítico Ishmael Reed en un comentario en The Wall Street Journal.
«¿Hasta dónde debería llegar esto? ¿Censuraremos después letras de canciones? Esto supondría el fin del hip hop tal como lo conocemos», advierte y condena: «El hecho de que un crítico se haya dedicado a estropear la gran obra de Twain no es más que otra muestra de que el filisteísmo atávico que se ha apropiado de nuestra política y cultura ha llegado al mundo académico».
«Esta solución es como tratar el síntoma más obvio en vez de la acechante crónica enfermedad en sí misma», escribe entretanto en The San Francisco Chronicle el poeta, profesor y crítico literario Dean Rader, para quien el cambio de términos «racialmente ofensivos» tiene el mismo efecto que «poner una tirita que ni siquiera cubre la herida».
Una decisión “ridícula”.
Más duro aún se muestra el comediante (afroamericano –sic-) Elon James White, para quien el intento de reescribir la obra de Twain es “ridículo”. «El libro, que trata directamente sobre el racismo, no queda mejor eliminando los términos racistas», afirma en Slate.com.
«Pretender que esto tiene un alto fin es insultar la inteligencia de los estadounidenses (…) Estados Unidos habla sobre la raza como los padres amedrentados hablan con sus hijos sobre sexo (…) pero si continuamos con nuestras terriblemente retorcidas y voluntariamente ignorantes interpretaciones de la historia, acabaremos teniendo una generación que esté deplorablemente malinformada, y eso será culpa nuestra», advierte.
La polémica está servida. Algo que, pese a todo, beneficiará de seguro a los editores de la nueva versión de los clásicos de Twain.
«Si la publicación provoca un buen debate sobre cómo el lenguaje impacta el aprendizaje o sobre la naturaleza de la censura o el modo en que los comentarios racistas ejercen una dañina influencia, entonces nuestra misión a la hora de publicar esta nueva edición habrá sido cumplida (sic; ¿quién demonios ha traducido esto?)», afirma NewSouth Books en su presentación de la nueva obra.
El propio Twain, para quien un clásico literario era una obra «que la gente alaba pero no lee», debe estar revolviéndose de risa en su tumba con esta nueva polémica.

Me pregunto a qué están esperando en España, con lo aficionados que somos a correr delante de la locomotora, y al que no quiera correr, obligarlo por decreto. A más de un político aficionado a la psicopedagogía de laboratorio y a la lengua hablada y escrita controlada por ley, debería gotearle el colmillo: hay más humo con el que marear la perdiz. Más posibilidades de que la peña, propensa a desviarse de pitones cuando le agitan un capote desde la barrera, no piense en lo que debe pensar, la que está cayendo y va a caer. Buenos ratos echando pan a los patos.
Hace un par de meses, una editorial gringa publicó ediciones políticamente correctas del Huckleberry Finn y el Tom Sawyer de Mark Twain en las que, además de retocar crudezas propias del habla de la época, se elimina la palabra “nigger”, que significa “negro”. Los alumnos se escandalizaban, arguyó el responsable: un profesor de Alabama que, en vez de explicar a sus escandalizables alumnos que los personajes de Twain usan un lenguaje propio de su época y carácter -Joseph Conrad tituló una novela The nigger of the Narcissus-, prefiere falsear el texto original, infiltrando anacronismos que encajen en las mojigatas maneras de hoy. Convirtiendo el ácido natural, propio de aquellos tiempos, en empalagosa mermelada para tontos del ciruelo y la ciruela.
Coincide la cosa con que el ministerio de Cultura francés, confundiendo la palabra “conmemorar” con la de “celebrar”, excluya a Louis-Ferdinand Céline de las conmemoraciones de este año, cuando se cumplen cincuenta del fallecimiento del escritor. Que fue pésima persona, antisemita y colaborador de la Gestapo -como, por otra parte, miles de compatriotas suyos-, y autor de un sucio panfleto antijudío titulado Bagatelle pour un massacre; pero que también es uno de los grandes novelistas del siglo XX, el más importante en Francia junto a Proust, y cuyo Viaje al fin de la noche transforma, con inmenso talento narrativo, una muy turbia sordidez en asombrosa belleza literaria. Eso demuestra, entre otras cosas, que un retorcido miserable puede ser escritor extraordinario; y que un artista no está obligado a ser socialmente correcto, sino que puede, y debe, situarnos en los puntos de vista oscuros. En el pozo negro de la condición humana y sus variadas infamias.
Así que, españoles todos, oído al parche. Suponiendo -tal vez sea mucho suponer- que quienes vigilan a golpe de ley nuestra salud física y moral sepan quiénes son Twain o Céline, imaginen las posibilidades que esto les ofrece para tocarnos un poquito más los cojones… ¿Qué son bagatelas como prohibir el tabaco o convertir en delito el uso correcto de la lengua española, comparadas con reescribir, obligando por decreto, tres mil años de literatura, historia y filosofía éticamente dudosas?... ¿A qué esperan para que en los colegios españoles se revise o prohíba cuanto no encaje en el bosquecito de Bambi?... ¿Qué pasa con esas traducciones fascistas de Moby Dick donde se matan ballenas pese a los convenios internacionales de ahora?... ¿Y con Phileas Fogg, tratando a su criado Passepartout como si desde Julio Verne acá no hubiera habido lucha de clases?... ¿Vamos a dejar que se vaya de rositas el marqués de Sade con sus menores de edad desfloradas y sodomizadas antes de la existencia del telediario?... ¿Y qué pasa con la historia y la literatura españolas?... ¿Hasta cuándo seguirá en las librerías la vida repugnante de un asesino de hombres y animales llamado Pascual Duarte?... ¿Cómo es posible que al genocida de indios Bernal Díaz del Castillo lo estudien en las escuelas?... Y ahora que todos somos iguales ante la ley y el orden, ¿por qué no puede Sancho Panza ser hidalgo como don Quijote; o, mejor todavía, éste plebeyo como Sancho?... ¿A qué esperamos para convertir lo de Fernán González y la batalla de Covarrubias en el tributo de las Cien doncellas y doncellos?... ¿Cómo un machista homófobo y antisemita como Quevedo, que se choteaba de los jorobados y escribió una grosería llamada Gracias y desgracias del ojo del culo, no ha sido apeado todavía de los libros escolares?... En cuanto a la infame frase “Viva España”, que como todo el mundo sabe fue inventada por Franco en 1936, ¿por qué no se elimina en boca de numerosos personajes de los Episodios nacionales de Galdós, donde afrenta a las múltiples y diversas naciones que, ellas sí, nos conforman y enriquecen?... ¿Y cómo no se ha expurgado todavía El cantar del Cid de las 118 veces que utiliza la palabra “moro”, sustituyéndola por “hispano-magrebí de religión islámica”, y buscándole de paso, para no estropear el verso, la rima adecuada?
Por fortuna no leen, ni creo que en el futuro lo hagan. Tranquilos. El peligro es mínimo. Menos mal que esos pretenciosos analfabetos, dueños del Boletín Oficial, no han abierto un libro en su puta vida.

2 comentarios:

  1. je,je, si son los tiempos que corren. Y claro, a veces -demasiadas,últimamente- nos la cogemos con papel de fumar.
    Me encanta lo de “hispano-magrebí de religión islámica" en lugar de moro, aunque no sé cómo quedará en todas las esculturas, cuadros, tapices, etc lo de Santiago matahispano-magrebíes de religión hislámica", ja, ja

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  2. je,je, si son los tiempos que corren. Y claro, a veces -demasiadas,últimamente- nos la cogemos con papel de fumar.
    Me encanta lo de “hispano-magrebí de religión islámica" en lugar de moro, aunque no sé cómo quedará en todas las esculturas, cuadros, tapices, etc lo de Santiago matahispano-magrebíes de religión islámica", ja, ja

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No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo. Cualquier comentario será bienvenido siempre que cumpla tres simples condiciones:
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