jueves, 5 de enero de 2012

Pajín no contesta a las peticiones de actuación de FACUA por el fraude masivo de las ‘pulseras milagro’

 

La ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, sigue sin dar respuesta a las peticiones de actuación realizadas por FACUA-Consumidores en Acción para acabar con el fraude masivo de las pulseras milagro.
Hace casi tres meses, el presidente de FACUA, Francisco Sánchez Legrán, dirigió una carta a la ministra para solicitarle que articulase medidas para retirar del mercado estos productos y sancionar a las empresas en proporción a los enormes beneficios obtenidos.
«Si no se retiran, y las sanciones, de producirse, se limitan a unos pocos miles de euros, este negocio basado en el fraude sale redondo», señaló Sánchez Legrán a Pajín, sin que hasta la fecha haya recibido contestación alguna.
Y es que la inoperancia de las autoridades sanitarias y de protección a los consumidores ante las denuncias de FACUA ha favorecido que una larga lista de empresas se hayan lanzado a la venta de estos productos que, con un lenguaje que utiliza charlatanería pseudocientífica, prometen todo tipo de beneficios para la salud.
Desde mejorar el equilibrio hasta, según las marcas, aumentar la fuerza, el rendimiento sexual y mantener la juventud, pasando por combatir dolores, lesiones, ansiedad, insomnio y depresiones e incluso combatir enfermedades como artritis, artrosis, fibromialgia, osteoporosis y hasta el cáncer.
Power Balance ingresa millones y es multada con 15.000 euros.
En España, las pulseras más vendidas son las Power Balance, que ha ingresado millones de euros y sólo ha sido objeto de una ridícula multa de 15.000 euros de la Junta de Andalucía -la empresa tiene su sede en la localidad malagueña de Marbella-.
Y ello pese a que la legislación vigente establece que a la empresa podría aplicársele una multa de hasta cinco veces el valor de los productos objeto del fraude, lo que supondría decenas de millones de euros, además del decomiso de toda la mercancía a la venta, la retirada de su publicidad y la imposición de publicar anuncios que aclaren que sus promesas no tienen base científica.
En los últimos días, ha trascendido a los medios de comunicación que el Instituto Nacional del Consumo (INC) prevé enviar un requerimiento a Power Balance España para que retire las afirmaciones sobre efectos beneficiosos en el equilibrio y la salud de la publicidad y el etiquetado de sus productos. Pero no solicitará su retirada del mercado y los consumidores seguirán asociándolos a las propiedades pseudomilagrosas con las que se han presentado desde su lanzamiento.
El organismo del Ministerio de Sanidad ha tardado nueve meses en decidir esta medida desde que FACUA le enviase una denuncia contra la empresa. El INC, que no ha informado a la asociación de estas actuaciones, tampoco ha dicho públicamente qué va a hacer con las otras trece empresas denunciadas por FACUA.
La ausencia de actuaciones mínimamente contundentes en España contrasta con las de los gobiernos de Chile, que ha llevado a los tribunales a tres firmas, Italia, que ha sancionado el fraude de Power Balance con 350.000 euros, y el de Australia, que ha obligado a la empresa a publicar anuncios aclarando que su publicidad era engañosa, además de retirarla y devolver el dinero a quienes reclamen.
FACUA ya ha denunciado a catorce marcas.
En abril de 2010, FACUA comenzó a denunciar ante distintos organismos del Ministerio y las comunidades autónomas a los fabricantes y distribuidores de pulseras que se atribuyen propiedades terapéuticas.
La lista asciende ya a catorce marcas y FACUA solo ha recibido información sobre la minimulta a Power Balance. Junto a ella, las denunciadas son Ion Balance (con domicilio en Alcudia, Mallorca), Equilibrium (Alicante), EFX Performance (de la empresa Rod Artwin, ubicada en Leioa, Vizcaya), Harmony Zen (distribuida por Publipunto, con sede en Albacete), Bio-Ray (Palmanova, Palma de Mallorca), Energy Ion (Barcelona), Mojo Future (Marbella, Málaga), Nikken (distribuida desde Reino Unido), NoaMagnetic (Madrid), Sabona España (Barcelona), Tecnobalance (Dos Hermanas, Sevilla), Vitalizer (Las Palmas) y Vitaljoya (Alcobendas, Madrid).
Los productos milagro, prohibidos, se venden con impunidad gracias a las benignas sanciones. El magnetismo, última cualidad misteriosa. 
Si a uno le dijeran que si da tres puntapiés al suelo se volverá más alto, más delgado o más guapo, pensaría que es broma. Si además le cobran por ello, creerá que es un timo. Sin embargo, parece que si hablamos de una pulsera, una faja o un alimento, la cosa cambia. El mercado está lleno de productos milagro, alimentos que prometen beneficios para la salud, artículos que se atribuyen propiedades sanitarias, que muchas veces resultan ser falsas. Y se venden.
Las asociaciones de consumidores alertan sobre la proliferación de estos productos al abrigo de la Red, más difícil de controlar que una tienda física. Critican, además, la inactividad del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, que se ocupa también de Consumo, aunque por el camino haya perdido el nombre.
Las autoridades sostienen que su única arma para combatir estos productos es acusarlos de publicidad engañosa. «Anuncian beneficios que no están demostrados», explica la directora del Instituto Nacional de Consumo (INC), Etelvina Andreu, quien reconoce, sin embargo, que su capacidad de maniobra es “muy limitada”. «A poco que la compañía comercializadora tenga un buen equipo publicitario diseñan las frases de tal forma que se escapan. “Ayuda al normal funcionamiento” no quiere decir que lo mejore. O “sentirás que mejora tu equilibrio” no es que proporcione más, sino que lo sientes. Para nosotros es claro, pero desde el punto de vista legal se puede esquivar».
Pero aunque se advierta de que no existen evidencias científicas que avalen los efectos de estos artículos, Consumo no suele lanzar alertas sobre ellos, y casi nunca exige su retirada. El problema (o no) es que la mayoría de las veces las pulseritas, las cremas o los yogures no son dañinos para la salud. Solo para el bolsillo.
La última moda en la milagrería es el magnetismo. Desde calzoncillos con iones para ayudar a curar la impotencia a fajas de neopreno, antifaces, almohadillas o “acondicionadores” que convierten el agua en magnética. Prometen curar la hipertensión, el sida o el cáncer. Los comercializa Magnetika Saiffe, una empresa que vende sus productos en México, EE. UU. y España a través de una estructura piramidal. En su web, en la que incluyen testimonios de personas que supuestamente se han beneficiado de la terapia, animan a los enfermos incluso a sustituir la quimioterapia —a la que definen como dañina— por uno de sus tratamientos.
Las asociaciones de consumidores se llevan las manos a la cabeza. Han denunciado a la empresa ante el INC. Exigen que alerte contra estos artículos. Rubén Sánchez, portavoz de Facua, los define como “un claro fraude”: «El problema es grave, pueden provocar un enorme perjuicio en los enfermos que abandonen sus tratamientos médicos». Andreu comenta que aún no conocía el caso de los calzoncillos ionizantes ni del “acondicionador” que magnetiza el agua. «¡El agua ya es magnética!, ¡si por lo menos dijeran que la desmagnetiza!», exclama. La directora del INC, física de formación, explica que el uso del magnetismo como gancho es recurrente. «Juegan con cosas que la gente no entiende», dice.
Y así es. Energy Ion vende desde camisetas hasta parches cutáneos “compuestos de minerales y vegetales” que, “ayudan a mejorar el equilibrio, la fuerza y la elasticidad” a través de la descarga “permanente de iones negativos y ondas infrarrojas”. La empresa comercializadora intenta colarse por las rendijas de la ley de publicidad incluyendo en su web que los productos que vende no son medicamentos ni sirven para el diagnóstico, dice Andreu.
Su ejemplo recuerda mucho a las famosas pulseras holográficas. Estas prometían mejorar la flexibilidad y el equilibrio de quien las luciera. Deportistas como Raúl o Cristiano Ronaldo o políticos, como la actual ministra de Sanidad, Leire Pajín, las llevaron. Varios estudios demostraron que tenían nulos efectos. Su fraude también fue denunciado por Facua. Las consecuencias, sin embargo, han sido ridículas. La Junta de Andalucía ha impuesto una multa a Power Balance de 15.000 euros por publicidad engañosa. El triste equivalente a lo que cuestan 428 de sus pulseritas. Una cantidad irrisoria si se tiene en cuenta que se vendieron más de 300.000 pulseras a unos 32 euros cada una.
«Las Power Balance ilustran a la perfección lo que suele pasar con estos productos. Finalmente se saldan con una sanción por publicidad engañosa. Pero no sirve de nada, han ganado miles de euros. Como no suponen un riesgo para la salud las autoridades no hacen nada, pero están engañando a los ciudadanos», critica Sánchez. Todavía no se sabe nada de las otras 13 denuncias que Facua interpuso contra otros fabricantes. De momento, solo Andalucía ha actuado. «Para que la sanción sea verdaderamente efectiva todas las comunidades tienen que ponerla, porque si la pone solo una el importe no suele ser suficiente», dice Andreu. «Pero incluso si la ponen todas, reconozco que la sanción no es proporcional al daño que están causando».
El Real Decreto 1907/96 prohíbe “cualquier clase de publicidad o promoción directa o indirecta, masiva o individualizada, de productos, materiales, sustancias, energías o métodos con pretendida finalidad sanitaria” cuando “sugieran o indiquen que su uso o consumo potencian el rendimiento físico, psíquico, deportivo o sexual”. Pero las rendijas que deja la ley son inmensas.
Algo similar ocurre con los alimentos. Casi cuatro años después de que la UE aprobase un reglamento para controlar los abusos en la publicidad —lo que motivó el cambio de denominación de decena de productos que en su propio nombre se atribuían propiedades saludables— muchos se siguen colando por los huecos de la normativa. Desde las bayas de Goji, que parece que lo curan todo, a las leches con omega 3 o algunos yogures como el Actimel de Danone, que utilizaba el lema “Ayuda a tus defensas”, que finalmente retiró el pasado abril. En otros casos no dicen textualmente que son beneficiosos con la salud, pero lo insinúan. «La oferta es inmensa, y los consumidores caen en muchas trampas. Se les vende que por tomar un determinado alimento van a mejorar su salud. Pero lo verdaderamente importante es cuidar la dieta», asegura el nutricionista Javier de Andrés.
El ejemplo lo pone un estudio de la organización de consumidores OCU, en el que analiza, entre otros productos, las leches con omega 3. «Habría que ingerir enormes cantidades para llegar a los niveles que aporta el pescado», dicen. Otro informe de la Confederación Española de Asociaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceacu), que exploró casi 500 eslóganes de alimentos saludables, dictaminó que el 59% no se ajustaba a la norma.
¿Puede pararse esta publicidad descarnada? No es fácil. De hecho, la UE se está poniendo cada vez más seria con ciertos alimentos. Su agencia de seguridad alimentaria (EFSA), ha tumbado el 80% de los 4.600 anuncios de comida saludable que ha revisado. Sin embargo, el reglamento concede a las empresas un tiempo para adaptarse que llega hasta 2015.
«Hay cosas como decir que un alimento es bajo en sal o azúcar que son sencillas de demostrar. Otras, como decir que ayuda a disminuir el colesterol, no lo son. Para poder transmitir este mensaje debes presentar un estudio científico», explica un portavoz de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición.
Pero si hablamos de productos milagro no pueden olvidarse los adelgazantes, bronceadores y embellecedores. Muchos de ellos no necesitan un ensayo clínico que avale que cumplen los beneficios que prometen porque no se trata de medicamentos. La mayoría recibe la autorización de las autoridades sanitarias con la única exigencia de que demuestran su falta de toxicidad.
La lista es muy variada: desde píldoras de plantas hasta cremas de babas de caracol. Muchas se venden en herbolarios y farmacias. Otras se compran por Internet. Aseguran que son cicatrizantes, absorbegrasas, saciantes o quemacalorías. «Los adelgazantes son la estrella», confirma De Andrés. «Son fáciles de comprar, prometen perder peso sin esfuerzo y venden testimonios de supuestas personas que lo han probado y les ha funcionado. Muchos pican y compran. Lo peor es que les puede perjudicar», sigue el nutricionista.
Y es que los productos milagro se aprovechan de eso. De la necesidad de creer. «Juegan con que la persona, sobre todo si afecta a problemas de salud, es un consumidor más vulnerable y tiene tendencia a buscar una solución», dice la directora del INC.
Para luchar contra este tipo de productos algunas comunidades han creado unidades especializadas. Es el caso de Navarra. El grupo técnico de trabajo sobre Productos Milagro evaluó en el segundo semestre 2009 30 productos por posibles irregularidades. Todos recibieron informes desfavorables. La mayor parte de ellos eran para adelgazar.
La consejera de Salud navarra, María Kutz, alertó al presentar los datos de que estos productos, además de ser un “fraude”, pueden tener riesgo para la salud y provocar desde el retraso del diagnóstico de una patología a una reacción alérgica. De los productos analizados por Navarra, la Agencia Española del Medicamento ordenó la retirada de tres, dos potenciadores del bronceado y otro que aseguraba ser depurativo. Sin embargo, las retiradas no suelen ser frecuentes. El problema, también en estos complementos, sigue siendo fundamentalmente la publicidad engañosa.
Andreu reconoce que la única arma de la que disponen para luchar contra estos productos, sus anuncios, es “ineficaz”. «Cuando remitimos a las comunidades aviso de la existencia de estos productos lo hacemos público a la prensa para que la gente, por lo menos, deje de comprarlos. Aunque a veces los consumidores lo siguen haciendo», apunta.
Las pocas denuncias de consumidores que a título personal se quejan de algún producto no ayudan. Consumo sostiene que no ha recibido ni una sola denuncia sobre uno de estos productos milagro que no provenga de asociaciones de consumidores, lo que «dificulta mucho el trámite de los expedientes».
Andreu lo explica: «No es lo mismo recibir una denuncia de una persona que argumente en qué le ha perjudicado un producto que una denuncia abstracta sobre su legalidad». Pero parece que los ciudadanos no se animan. Quizá porque la mayoría solo hacen daño al amor propio. Y al bolsillo.

Escaparate bajo sospecha.
PRODUCTOS POLÉMICOS Y MERCADO.
La ley prohíbe que los productos alimenticios o dietéticos se anuncien como productos con propiedades curativas. No pueden emplear frases como “pierda peso” o “alimentos que adelgazan” en sus publicidades.
- Power Balance. La firma dice que sus pulseras holográficas potencian el rendimiento físico. La Junta de Andalucía le ha multado con 15.000 euros por publicidad engañosa.
- Baba de caracol. Varias marcas atribuyen propiedades cicatrizantes y cuasi milagrosas a varias cremas hechas a base de una teórica baba de caracol. No están científicamente probadas.
- Adelgazantes. Son los productos milagro por excelencia. Las asociaciones de consumidores han denunciado decenas de ellos. Sanidad ha retirado unos cuantos. Hace unos meses, Facua demandó a la firma que comercializaba las pastillas Absolute Acai Berry, que se anunciaban como “adelgazantes” y “anticancerígenas”, empleaban mensajes como “le ayudará a perder peso y a sentirse genial” o reclamos como “bajé 16 kilos en dos meses” y usaban los logotipos del ministerio.
- Internet. Uno de los grandes mercados de los productos milagro, junto con las teletiendas.

CONSEJOS.
Cecu y Sanidad elaboraron un documento que alertaba contra los productos milagro. Identificarlos es fácil, decían, y aconsejaban observar si en su publicidad aparecían estos ingredientes:
- Testimonios. Suelen emplear a supuestos profesionales sanitarios que explican ambiguamente las propiedades del producto y testimonios de personas que aseguran haber logrado resultados fabulosos en poco tiempo.
- Confusión. Estrategia utilizada por la publicidad de estos productos es hacer creer al usuario que lee una noticia científica. Esto tiende a confundir al consumidor.
- Sin efectos secundarios. Estos productos aclaran que no causan efectos secundarios, porque son “totalmente naturales”. Aunque sean naturales, alertan los expertos, pueden producir efectos secundarios, como por ejemplo alergias. Es importante verificar la descripción de los componentes para evitar cualquier efecto no deseado.
- Imágenes antes y después. Esta publicidad, casi siempre, está acompañada de imágenes antes y después que son imposibles de comparar, por el tamaño y calidad de las fotografías, vestimenta y postura de la persona, etc.
- Domicilio mercantil. En muchos casos, la empresa que comercializa el producto no identifica su domicilio mercantil, o solo proporciona un apartado de correos o un número de teléfono, lo que dificulta la reclamación de los consumidores.

3 comentarios:

  1. Cuando estaban de moda, quedamos con unos amigos de Almudena y uno de ellos llevaba una... ¡Porque en su trabajo su jefe la llevaba! Y estaba convencido de que te equilibraba y no sé qué. No veas las risas que nos echamos a su costa. A mí me parece bien que multen a las empresas que ganan pasta vendiendo pulseritas, pero también a las farmacias que lo hacen, por ejemplo. Pero vamos, que no me da ninguna lástima la persona que ha comprado una y no sabe por qué se está gastando 30 leuros en una pulsera de plástico. Me recuerda un poco a lo de los sellos. Por cierto, vaya foto de la moza, ja, ja.
    PD. corregido, gracias. si es que escribo muy rápido y no puede ser cuando se tienen dos manos izquierdas.

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  2. Yo la verdad es que cuando veo a alguien con alguno de estos artefactos no suelo decirle nada, más que nada porque he presenciado reacciones bastante psicóticas cuando otras personas lo han hecho. Se conoce que algunos de los usuarios de estos productos experimentan algún tipo de sentimiento sectario y se ofenden en extremo si expresas dudas sobre su fe.

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  3. Por cierto, hay que hacerse con una de esas pulseras del 89...

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