viernes, 20 de enero de 2012

«¿Qué voy a hacer sin mano?»

 

Un empresario abandona en un hospital de Mataró a un empleado sin papeles que se accidentó. «Quítate la ropa de trabajo; si no, nos jodes a todos», le dijo.
«Entré a trabajar a las siete de la mañana, como siempre, y me puse a hacer unos protectores para un tubo de escape de un barco. Estaba pasando una de las piezas por el torno cuando se me enganchó la mano. Fue en un momento, sin darme cuenta. “¡He perdido la mano!”, le grité a mi compañero. Llamó al jefe y me pasó el teléfono. “¿Te has hecho mucho daño?”, me preguntó. “Mucho”, le dije. Me contestó que tenía que ir al hospital. Pero antes tienes que sacarte la ropa de trabajo. Si no, nos jodes a todos».
Entre sollozos, y angustiado por tener que revivir un episodio que no le deja dormir, J. A. N., de 41 años y nacido en Ecuador, recordaba ayer así por teléfono cómo el pasado 12 de enero perdió la mano izquierda en un accidente laboral en Vilassar de Mar (Barcelona). El hombre estaba trabajando en una máquina de tres rodillos que curva piezas cuando se enganchó la mano y el aparato se la aplastó. Llevaba un año y medio sin contrato porque se había quedado sin permiso de trabajo. Antes, había trabajado tres años con la preceptiva alta en la Seguridad Social.
«No quiero hablar de nada. Está todo en los juzgados y prefiero consultar primero con mis abogados», se excusó ayer Jaume Comas, dueño de la compañía CMN, donde trabajaba J. A. N. y dedicada a la fabricación de complementos náuticos.
Los Mossos d’Esquadra detuvieron a Comas y a un encargado de la empresa por haber ocultado que el hombre estaba empleado de manera irregular cuando sufrió el accidente. Al empresario le atribuyen delitos contra los trabajadores, omisión del deber de socorro y obstrucción a la justicia. Al encargado, omisión del deber de socorro y encubrimiento. Ambos están en libertad, a la espera de que el juez les cite.
«Hice caso [a los jefes]. Con unas tijeras me arranqué el jersey, ayudado por mi compañero. De camino al hospital me dijeron: “Cuando te pregunten cómo te lo has hecho, di que ha sido en el espigón”. Pero yo no sabía qué era el espigón. Insistieron: Pescando, di que ha sido pescando y que te ha caído una piedra en la mano», prosigue J. A. N.
Según su relato, el responsable del taller en Vilassar de Mar donde trabajaba le llevó en coche hasta el hospital de Mataró. «En Urgencias, el encargado dijo: “Me lo he encontrado en la calle. Está hecha polvo su mano”. Y allí me dejó. Cuando me desperté, me habían amputado la mano».
«Cuando una persona tiene un accidente así hay que llamar a una ambulancia y avisar inmediatamente a la policía y la inspección de Trabajo», lamenta Borja Masramón, el abogado que en nombre del Consulado Ecuatoriano en Barcelona, de la Federación de Entidades Ecuatorianas de Cataluña y de la Secretaría Nacional del Migrante de Ecuador (SENAMI) defiende a la víctima.
Al principio J. A. N. pensó incluso en regresar a Ecuador, pero sus compañeros y la gente del consulado ecuatoriano en Barcelona le animaron a presentar la denuncia. Su prioridad es legalizar su situación en España, país al que emigró hace ocho años con la idea de tener una vida mejor, donde se casó y donde tuvo a su hija. Ahora teme que la cría se asuste al verle sin mano.
Él mismo se pregunta: «¿Qué voy a hacer sin mano?». Y se responde: «Nadie me va a dar trabajo».

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