viernes, 30 de noviembre de 2012

Destituido un párroco de Barcelona por perder 200.000 euros de sus fieles en Nueva Rumasa



El obispado de Vic ha destituido al párroco de Sant Hipólit de Voltregà, Vinyoles, Oris y Saderra, Jordi Castellet, por haber invertido en pagarés de Rumasa 200.000 euros que le prestaron sus fieles para arreglar el tejado de su parroquia.
Fuentes del obispado de Vic han confirmado a Efe que la intención del párroco era conseguir los altos réditos que prometía Rumasa con el fin de obtener más dinero para reparar el tejado eclesial, aunque no solicitó ningún permiso al obispado para hacer la inversión.
Las mismas fuentes han señalado que hacía tiempo que la actuación de este párroco era controvertida entre los fieles de su parroquia.
Mosén Jordi Castellet, de 42 años, ha publicado en su blog que el próximo domingo se despedirá de las parroquias de Sant Hipólit, Sant Esteve de Vinyoles, Sant Esteve d'Orís y Sant Marcel de Saderra en las que ha trabajado durante los últimos catorce años.
Tras detallar en su blog todas las actuaciones que ha llevado a cabo en sus diferentes parroquias, el sacerdote destituido recuerda que la obra del tejado de la iglesia de Sant Hipólit se ha llevado a cabo «en tiempos complicados económicamente hablando».
«Una operación fallida y demasiado arriesgada».
«Como sabéis —reconoce el religioso— una operación fallida y demasiado arriesgada en que he inmerso a la parroquia es el motivo principal por el que el señor obispo ha decidido que un servidor deje, finalmente, Voltregà».
«La deuda restante será asumible. ¡Dios dirá!»
«De todas maneras —añade mosén Castellet— los industriales habrán cobrado la totalidad de las facturas en el momento en que el obispado abone la subvención que nos había prometido y la deuda restante será asumible. ¡Dios dirá!».
El párroco asegura, no obstante, que se siente satisfecho del trabajo realizado y dice que «es cuando uno es joven que se tienen que hacer las cosas, que se arriesga, que se esfuerza y pone lo mejor de si mismo, aunque no todo acabe saliendo bien o no todo el mundo lo comprenda o no se tenga el mejor tacto y enfoque de las cosas». «Dejo las parroquias bien arregladas para que el nuevo rector que el señor obispo tenga a bien enviaros no tenga más dolores de cabeza que la deuda que habrá quedado con el tejado de Sant Hipòlit y que, estoy seguro, se podrá afrontar sin miedo», explica el párroco, que enumera todas las obras que ha hecho en catorce años en sus iglesias, en las que se ha gastado cerca de 1,3 millones de euros.
Inversiones.
El sacerdote justifica que haya invertido tanto en arreglar edificios e instalaciones religiosas: «para que en el futuro, no haya tantas dificultades a la hora de vivir y de encarar la fe cristiana en vuestros pueblos y para que no os tengáis que preocupar tanto por unas obras de gran calado como las que nos han ocupado, preocupado y también, porque (sic) no decirlo, ilusionado y alegrado».
En su alegato de despedida, el párroco cuantifica en más de 7.000 los servicios de administración de los sacramentos (bautizos, comuniones, confirmaciones, etc.) que ha oficiado en las catorce iglesias de las cuatro parroquias que tenía asignadas.
En otro punto de su largo escrito en su blog, Jordi Castellet reconoce: «seguro que no todo lo he hecho bien y pido disculpas y mil perdones cuando alguien se haya podido sentir mal a mi lado, en un compromiso o en una situación difícil de explicar. Mi carácter, a veces, me ha ayudado y otras me ha traicionado. Soy muy consciente de ello».

El cura que se fue de retiro… al «Costa Concordia»



Un mensaje en Facebook el día del naufragio descubre la mentira del párroco a sus feligreses.
Seamos sinceros: donde se ponga un buen chisme que se quite la prima de riesgo. Si, además, en el enredo están implicados un cura en apuros, una mentira piadosa, un lujoso crucero yéndose a pique, un capitán cobarde, otro con malas pulgas —«¡vuelve a bordo, joder!»— y todos los parroquianos de un pueblo lombardo haciéndose cruces, entonces el éxito del chisme está asegurado.
Resulta que Massimo Donghi, don Max para los amigos, es el párroco de Besana Brianza, una localidad de unos 15.000 habitantes de la provincia de Monza, al norte de Italia. Hace unos días, el apuesto cura se despidió de sus feligreses diciéndoles que se iba de retiro espiritual. Una semanita de nada, lo justo para poner al día la relación con el Jefe. El caso es que el retiro iba viento en popa hasta el pasado sábado.
Aquella mañana, Italia se despertó sobresaltada por el naufragio —la noche anterior— del Costa Concordia frente a la isla de Giglio. Las imágenes impresionantes del buque, el relato de los supervivientes, el caos todavía sin aclarar de los desaparecidos, la cifra creciente de muertos… Tras llegar a la costa, la primera reacción de la mayoría de los náufragos fue ponerse en contacto con sus familiares para avisarles de que se habían salvado. Es lo que hizo una muchacha de Besana Brianza a través de su cuenta de Facebook: «He conseguido llegar a tierra en una lancha salvavidas del Concordia junto a la abuela y al tío».
¿Al tío? ¿Pero el tío, nuestro Don Massimo, no estaba de retiro espiritual? Pues no exactamente. O tal vez sí, pero desde luego no en un monasterio apartado del mundanal ruido ni mucho menos en una cueva del desierto alimentándose de langostas, sino en el Costa Concordia, 17 pisos de lujo y fiesta continua, casino y bañeras de hidromasaje, un capitán llamado Schettino, una misteriosa moldava rubia… La mala suerte, confabulada con ese invento infernal llamado Facebook, ha puesto en un buen apuro a don Massimo, que ahora tendrá que volver a Besana Brianza y explicarles a sus parroquianos que cuando dijo retiro quiso decir crucero por el Mediterráneo, que todos somos hijos del pecado y que pelillos a la mar…

lunes, 26 de noviembre de 2012

Los médicos se rebelan contra la orden de atender a los enfermos en catalán



Médicos de Cataluña, principal sindicato del sector, se desmarcó ayer de la imposición del catalán en los centros sanitarios. Entienden que el Gobierno de Artur Mas no les puede pedir semejante «colaboración» cuando el funcionario «se siente castigado». Consideran que los recortes llevados a cabo vulneran sus derechos sociales y laborales, por lo que no es el momento de implementar una nueva estrategia lingüística. Además, en declaraciones a La Gaceta, dejaron claro que no encontrará «espíritu de colaboración» en funcionarios recién llegados de otras partes de España si perciben que la Generalitat les obliga a hablar en catalán.
Esta polémica protagonizada por CiU supone uno de los episodios más surrealistas en su estrategia de imposición del nacionalismo. Así, la región sanitaria del Camp de Tarragona, dependiente de la Consejería de Salud comandada por Boi Ruiz, ha hecho llegar a todos los empleados de la Sanidad pública un protocolo en el que les insta a hablar en catalán durante su jornada laboral. Todos los médicos deben hablar catalán entre ellos y dirigirse también en esta lengua a los pacientes.
El documento aclara que el personal sanitario no actúa a título personal, sino que representa a la Generalitat, cuyas normas deben respetarse. Por eso, avisa de que todos los trabajadores deben expresarse en catalán tanto por teléfono como por megafonía, en actos públicos protocolarios e incluso entre los propios médicos durante reuniones de trabajo, especialmente cuando hay delante «terceras personas».
A medida que el protocolo se desarrolla, aumenta el grado de presión. Se especifica que el médico «siempre hablará en catalán, independientemente de la lengua que utilice su interlocutor»; y si en la conversación el paciente se muestra extrañado, el personal sanitario tiene que preguntarle si entiende la lengua y, aun así, debe seguir hablando en catalán aunque observe en el receptor «cierta dificultad» de comprensión. En este caso, el texto indica que se pueden «utilizar recursos no verbales y material gráfico de apoyo». El empleado sólo puede hablar en castellano cuando sea imposible la comunicación en catalán. Aun así, «debe repetir palabras o frases en catalán para ir introduciendo la lengua en el universo del recién llegado».
La Generalitat no olvida las nuevas situaciones que se presentan «a causa de la inmigración», en un apartado dedicado a las lenguas no oficiales. El Gobierno de Artur Mas marca que el uso de estas lenguas debe ser «restrictivo» y «excepcional» y sólo lo permite en dos casos: cuando una persona extranjera se pone en contacto por primera vez con el sistema sanitario o si existe la posibilidad de que el paciente interprete mal un diagnóstico o el resultado de unas pruebas, porque podría poner en riesgo su salud.
Por último, el polémico protocolo también indica que en la documentación por escrito que editen y traduzcan los centros sanitarios en las lenguas no oficiales «deben limitarse al máximo porque una mayoría muy amplia de inmigrantes conoce el inglés o el francés».
Pautas de conducta.
El responsable de comunicación de la región sanitaria del Camp de Tarragona, David Ortega, contactó con este medio para aclarar que dicho protocolo es el mismo que se editó por primera vez en 2010 y que fue preparado por la Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat y por la técnica lingüística sanitaria. Según Ortega, la consejería de Boi Ruiz ha decidido volver a enviarlo a los centros sanitarios a modo de «recordatorio», como unas «pautas de conducta lingüística». En cualquier caso, las mismas fuentes insistieron en que no se trata de una normativa de obligado cumplimiento, sino de un protocolo de «recomendaciones».
De nuevo, Mas antepone su política de adoctrinamiento nacionalista a pesar de ver cómo la Sanidad es la más perjudicada por su ajustes.

viernes, 23 de noviembre de 2012

El aeropuerto sin aviones escondía un «pelotazo» urbanístico



El aeropuerto sin aviones de Castellón fue solo una excusa usada por el expresidente de esa Diputación, Carlos Fabra, para poner en marcha una macrourbanización con 40.000 viviendas, 12 campos de golf y un parque temático. Es decir, un «pelotazo» urbanístico en toda regla.
El aeropuerto, inaugurado en marzo de 2011 sin contar siquiera con los permisos de vuelo, ha costado 150 millones de euros en la construcción, 30 millones en publicidad, otros 35 millones para el mantenimiento de las instalaciones y 300.000 euros en la estatua homenaje a Carlos Fabra.
El pretexto fue que se buscaba afianzar la económica (sic) de Castellón, con escaso desarrollo turístico, y que el aeródromo traería a miles de turistas, también serviría para dar acceso a los ocupantes de las 40.000 viviendas. A la sombra, el verdadero motivo: un pelotazo urbanístico con adosados, viviendas unifamiliares, hoteles, campos de golf, todo en 18.000 millones de metros cuadrados, según datos de El País.
Aznar le concedió la autorización.
Fue el Gobierno de José María Aznar el que le concedió el permiso para construir el aeropuerto, y su amigo Francisco Álvarez-Cascos la declaración de interés general, pero fue la Generalitat la que promovió la infraestructura y de la que salieron 70 millones de euros de los 150 millones que costaron las obras.
Fabra y Camps inauguraron el aeropuerto.
Fabra inauguró el aeródromo en compañía del entonces presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps. Lo hicieron a toda carrera, para no pasar la fecha límite prevista ante la proximidad de las elecciones del 22 de mayo, ya que la ley electoral impide este tipo de actos a un mes de que se realicen los comicios.
«Hay quien dice que estamos locos».
«Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. Durante mes y medio cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje, algo que no podrían hacer si fueran a despegar o a aterrizar aviones. Es un aeropuerto para las personas», dijo Fabra en su discurso al inaugurar el aeropuerto, hace casi un año.

Un móvil hace parar un concierto de la Filarmónica de Nueva York



Era la noche del martes en el Lincoln Center. La Filarmónica neoyorquina con su director, Alan Gilbert, al frente ofrecía un sobrecogedor último movimiento de la novena sinfonía de Mahler. 2750 personas escuchaban con un silencio casi sagrado cuando ¡sonó un móvil! La mayoría identificó el característico timbre de los iPhones. Alan Gilbert incluso hizo un leve gesto de fastidio, pero continuó llevando a su orquesta por las dolorosas notas del maestro austríaco. Pero el móvil no dejaba de sonar y, cuando la música se hacía más leve, seguía oyéndose ¡el móvil dichoso!
Gilbert detuvo el concierto, se volvió hacia el público y dijo: «Señoras y señores, disculpen. Por lo general, cuando ocurre esto, lo ignoramos. Pero la de hoy es una perturbación tan atroz que me veo obligado a parar». A continuación, miró hacia un espectador sentado en la primera fila y le preguntó: «¿Podría usted detener eso? Simplemente apáguelo». El espectador hizo lo que el director le pedía y entonces este volvió a preguntarle: «¿Está seguro de que no volverá a sonar?» El espectador que había provocado el desaguisado contestó solo con un movimiento afirmativo de cabeza. Lo más probable es que la vergüenza no le dejara ni hablar. Algunos otros asistentes gritaban mientras tanto: «¡Échalo!».
Pero una vez conseguido el silencio, Gilbert decidió, entonces sí, continuar con el concierto: «Vamos otra vez a ello». Pocos minutos después, la Filarmónica finalizaba la obra de Mahler y su director recibía un atronador aplauso del público puesto en pie.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Detenida una turista suiza por intentar grabar un corazón en la Alhambra



La mujer queda en libertad con cargos por daños contra el patrimonio.
Una turista suiza ha sido detenida y ha pasado una noche en los calabozos después de intentar rayar en la pared del Cuarto Dorado, en la Alhambra, un corazón precedido de una inicial. Tras prestar declaración ante el juez, quedó en libertad con cargos por daños contra el patrimonio.
No es la primera vez que esto ocurre. En agosto fue un militar jordano el que fue sorprendido en el Palacio de Carlos V grabando su nombre y la fecha de la visita. Fue multado posteriormente con 120 euros y una indemnización de 200 tras la celebración de un juicio de faltas.
En esta ocasión, los hechos ocurrieron el pasado 7 de enero. El personal de control vio a la joven, de 18 años, rayando con la uña el estuco, le llamó la atención y, como continuó, llamó a la Policía, que la detuvo. En comisaría, según adelanta Ideal, se negó a declarar. Al terminar el atestado, por la noche, quedó ingresada en los calabozos. El 8 quedó en libertad tras pasar a disposición judicial.
Un informe determinará la cuantía de los daños y se podrá establecer así si se trata de una falta o un delito contra el patrimonio. La inscripción, de pequeño tamaño, parece una letra S y un corazón sin terminar a continuación.
El Patronato de la Alhambra cuantificará los daños ocasionados en un lugar de importante valor para el conjunto monumental. Según ha informado la directora, María del Mar Villafranca, en los paneles de entrada al monumento se va a especificar la prohibición de acciones similares y las posibles consecuencias penales.
El Juzgado de Instrucción 8 de Granada es el encargado del asunto.

Regala una liposucción a su hija de siete años



Una madre adicta a la cirugía estética ha decidido entregar a su pequeña hija de siete años una operación de cirugía estética valorada en cerca de 8.500 euros, demostrando una vez más que hay gente para todo.
Pero la cosa no acaba ahí, ya que la niña, que parece haber heredado la enfermiza obsesión por la estética que su progenitora, también ha recibido como presentes navideños un set de maquillaje, unas extensiones para el pelo y un spray autobronceador, según informa el rotativo británico The Sun.
Como las menores de edad no pueden someterse a este tipo de operaciones, la solución adoptada por su madre, Sarah Burge, a quien se conoce con el sobrenombre de «la Barbie humana», ha optado por entregar un vale que la pequeña Poppy podrá canjear cuando cumpla 16 años.
Burge, que ha gastado más de 600.000 euros en su propio cuerpo, explica que su hija «siempre me está preguntando por las operaciones de cirugía estética, así que decidí regalarle una liposucción, que siempre viene bien».
Pero esta no es la primera vez que Sarah, de 51 años, realiza este tipo de regalos a su hija, ya que en 2011 Poppy recibió como regalo en su séptimo cumpleaños otro vale, en aquella ocasión para una operación de aumento de pecho.
«Veo estos vales como una inversión en su futuro, como ahorrar dinero para su educación», explica sin complejos esta mujer de plástico.