lunes, 25 de febrero de 2013

¡Eso es una animalada!



Aunque ilegales, las salvajes peleas de caballos son un entretenimiento popular en algunas zonas de Filipinas. Asistimos a un cruel espectáculo con apuestas muchas veces a vida o muerte.
Un enorme cartel con dos sementales enzarzados en combate mortal preside el ruedo improvisado, mientras se oye el estruendo de una retransmisión por los altavoces. Junto a las vallas se apretujan cientos de espectadores. Es un espectáculo familiar. Ha venido todo el mundo: jóvenes y viejos, hombres y mujeres. También deambulan varios agentes de policía, por si surgen problemas.
Las luchas de caballos son oficialmente ilegales en Filipinas, pero eso no ha impedido que el espectáculo haya sido autorizado por el alcalde de Midsayup, una pequeña ciudad en la provincia más turbulenta y peligrosa del país. De ahí la presencia de la fuerza local de policía. Sin embargo, nadie repara en ellos. Todas las miradas están concentradas en el ruedo.
El espectáculo resulta casi surrealista. En el centro, dos sementales bañados en sudor y sangre luchan encarnizadamente hasta quedar exhaustos. Se empujan, muerden y cocean compitiendo por una yegua que preside el combate inmovilizada con cuerdas. A veces se detienen, temblando de pies a cabeza, pero al instante se abalanzan el uno contra el otro de una forma horrísona. Otras veces echan a correr en torno al ruedo a toda velocidad, obligando a los arbitros (sic) a buscar cobijo despavoridos.
Por lo general, los sementales obligados a participar en estas competiciones locales no han sido criados para luchar entre ellos. Antes servían como bestias de carga o como medios de transporte. Los espectadores, verdaderos aficionados, no pierden comba de cuanto sucede en el ruedo. Es lógico. Hay bastante dinero en juego. No solo el propietario del caballo ganador del embite (sic) se llevará una buena tajada —una pequeña fortuna si su animal sale vencedor del torneo—, las apuestas de los espectadores también cuentan, y mucho. Los corredores, apodados «cristos», toman nota mental de las pujas que los espectadores hacen a voz en grito durante el combate. Después de cada enfrentamiento, la gente se arremolina junto a las entradas donde se premia en metálico a los jugadores con suerte. La Policía vigila no solo que todo discurra pacíficamente durante el «show», también que nadie se escabulla sin pagar lo que debe.
Lo normal es que en una jornada se disputan (sic) 13 o 14 combates. El que presenciamos es el último de ese día. Tras consultarlo con mi reloj de pulsera, los dos sementales del cercado han estado luchando durante más de 40 minutos antes de que uno de ellos haya sido designado vencedor. A pesar del aparente caos, las normas que lo rigen son muy precisas. Si un semental no desafía a su oponente, pierde un punto. Si sale corriendo hacia la salida, también pierde un punto. Cuando uno de los dos contrincantes pierde dos puntos, queda automáticamente desclasificado. Su rival se alza inmediatamente como ganador.
Hasta entonces, la sangre es la protagonista del show. El caballo hunde los dientes en la pata, en los testículos de su rival, en el cuello, en un costado. Desde luego, no se trata de un espectáculo agradable.
Dino Yebron, el veterinario que me acompaña, está tan preocupado por la suerte de la yegua como por la de los sementales. Dino tiene 62 años, es antiguo profesor universitario y trabaja como voluntario para la ONG Network for Animals. «Esa yegua —explica señalando al tembloroso animal amarrado en el centro del ruedo— lleva todo el día al sol y ha pasado por 10 o 12 combates. Seguramente ha sido montada otras tantas veces. Pues montarla es la prerrogativa del ganador. Por así decirlo, ha sido víctima de una violación en grupo. También ha sido mordida, golpeada y coceada en el curso de los combates. En las luchas de caballos no se da ningún elemento noble o natural. Estamos hablando de una violencia inducida por completo de forma artificial».
Una vez terminada la competición, nos dirigimos a los cercados para inspeccionar a los animales ganadores y perdedores. Dino antaño se valía de su cualificación como veterinario para remedar las heridas más visibles. Pero ya no lo hace. «No quiero que la gente piense que estoy para ayudarles en su negocio», indica. «Mi labor es la de trabajar con las comunidades locales, con los alcaldes y con la Policía para convencerlos de que las leyes están para ser cumplidas. Hemos tenido éxito en algunas provincias, pero aún queda mucho por hacer».
Se acerca a uno de los sementales que esta tarde ha luchado y perdido. El animal está tumbado en la hierba. Tiene los costados manchados de sangre y las fosas nasales desfiguradas de un modo horrible. Dino contempla el caballo con ojo experto y dictamina: «Está claro que tiene lesiones internas. Dentro de dos semanas habrá muerto de esas heridas, si es que el propietario antes no le corta el cuello».

Andrea Fabra y su «que se jodan» los parados



Mariano Rajoy desgranaba una a una desde la tribuna del Congreso sus propuestas de recortes para cumplir con las exigencias europeas. Tras anunciar la reducción de las prestaciones a los nuevos parados a partir del sexto mes, el presidente hizo una pausa al arrancarse en aplausos numerosos miembros del grupo popular. Entre ellos Andrea Fabra, diputada por Castellón.
Pero la hija del líder del partido en la provincia, el ínclito Carlos Fabra, aún fue más allá y, llevada por la pasión, añadió a voz en grito «que se jodan», como demuestra la secuencia de vídeo, en la que se leen perfectamente sus labios.
Los usuarios de Twitter reclaman la dimisión de Andrea Fabra, a la que critican duramente por lo que han definido mayoritariamente como «actitud chulesca». Referencias a su padre, Carlos Fabra, relativas a la cantidad de veces que ha ganado la Lotería de Navidad, así como a su sueldo como diputada se mezclan con comentarios en los que se facilita su dirección de correo electrónico en el Congreso para trasladarle directamente su indignación.

martes, 19 de febrero de 2013

La orilla del río amanece todos los días con 4 toneladas de basura



Da igual que sea la fiesta del Curpillos, las celebraciones universitarias en El Parral o los botellones más o menos improvisados en los Sampedros. Pocos burgaleses hacen gala de civismo a juzgar por el estado en que amanece la ciudad tras estos «fastos». La ribera del río Arlanzón, desde el puente de Gasset hacia el jardín botánico y La Quinta, se convierte en estos días en el botellódromo oficial de las fiestas patronales. Y la cantidad de basura que se acumula concede a este espacio la condición de un vertedero más que la de una zona verde. Hasta cuatro toneladas de residuos retiran de media los trabajadores del servicio de limpieza —Semat— todas las mañanas.
Algunos, los menos, tiran a los cubos de basura los restos de sus fiestas particulares —botellas de licor y refrescos, latas de cerveza, cachis, etc.— Los más, no solo no se preocupan de introducir en bolsas sus desechos —aunque no sea para llevarlas al contenedor más cercano— sino que quedan diseminados por toda la orilla del río y las zonas ajardinadas adyacentes. Hasta el punto de que, por las mañanas, los transeúntes que frecuentan esta ruta clásica de paseo, han de dar un rodeo para esquivar tanto detritus y malos olores.
El servicio de limpieza municipal destina cada mañana de 14 a 16 trabajadores para sanear el botellódromo, a sabiendas de que a las pocas horas la inmundicia va a hacerse dueña de la zona. Pero claro, la ribera del Arlanzón no va a transformarse en un estercolero permanente durante las fiestas. El buen tiempo, además, está animando este año a más jóvenes a salir a la calle a beber.
Los operarios de Semat comienzan a trabajar a las 7 de la mañana para limpiar este extenso espacio. Normalmente, a las 11 la basura ya está recogida en bolsas, por lo menos la que está esparcida en la ribera del río. Resulta más complicado eliminar la suciedad el jardín botánico, ya que los restos —botellas, latas, etc.— se encuentran entre los árboles, en los setos y en las plantas que adornan esta zona.
Pero no es hasta casi la hora de comer cuando concluye la recogida completa de basura, con todas las bolsas ya en los camiones y de camino al vertedero. Hay que decir, además, que la empresa debe reforzar en fiestas sus servicios en toda la ciudad, pues las barracas, los fuegos y los conciertos generan también cantidades extra de basura.

Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE



«¿Habéis visto a un tío más feo que Ribéry?»

martes, 12 de febrero de 2013

Se ruega no escupir al médico



Centro de atención primaria, antes ambulatorio. Entre pacientes esperando turno, acompañando a una persona que necesita atención, aguardas en el vestíbulo, apoyado en la pared con un libro en las manos. Frente a ti, impreso en fotocopia, un rótulo pegado con cinta adhesiva: «El Colegio de Médicos actuará por vía penal contra toda clase de insulto o agresión hacia el personal de este Centro». Al lado, otro de las mismas características referido al Colegio de Enfermeras. Un poco más allá, un tercer cartel: «Se ruega guardar silencio». En la sala de espera hay sólo una veintena de personas, pero el guirigay es espantoso: conversaciones en voz alta, llamadas por el móvil. Parece un mercado. Abundan las protestas a grito pelado, con intención de que las oiga el personal sanitario que anda cerca, en plan estoy citada a las cinco menos cuarto y son menos cinco, qué poca vergüenza, mira qué tranquilas van las enfermeras y nosotros aquí, esperando, menuda pandilla de golfos, etcétera. Todo eso, expuesto con la zafia prosodia que manejamos los españoles en nuestras relaciones con el prójimo. Por supuesto, hay varias señoras de pie y varios fornidos varones sentados, mirando al vacío como si no las vieran.
Con quince minutos de retraso —plazo razonable, dado el trajín y la acumulación de gente—, entras en la consulta acompañando al paciente. Un médico con claros síntomas de agotamiento atiende sin levantar la cabeza mientras rellena los impresos adecuados. Y cuando a una de sus preguntas el paciente responde: «Desde las vacaciones», el doctor levanta por primera vez la cabeza, lo mira sarcástico y comenta: «Yo no tengo vacaciones». Luego procede al reconocimiento, mientras a través de la puerta cerrada llega el espantoso vocerío que continúa afuera, los gritos y las desconsideradas conversaciones en voz alta.
Toca ir a urgencias. Como ahí la peña anda más perjudicada, el griterío es menor. Algo. Pero no faltan conversaciones telefónicas, voces en alto y protestas. Por la espera, por la falta de asientos, por no poder fumar, porque no hay máquina de café y refrescos. Todo cristo tiene algún agravio sanitario que exponer, directa o indirectamente, cada vez que asoma alguien del centro. Aguantando estoicas las preguntas, las protestas y los malos modos —con el pretexto de enfermedad propia o cercana, la falta de educación alcanza en lugares como éste extremos inauditos—, dos cansadas enfermeras, con una buena voluntad digna de elogio, se ocupan de todo con mucha mano izquierda, resignación y envidiable sangre fría.
Llaman a un paciente. Fulano de tal. No aparece. Alguien comenta que se ha ido, cansado de esperar. No sería tanta urgencia la suya, piensas, aunque procuras no manifestarlo en este ambiente más bien hostil. El próximo paciente es una señora joven, musulmana, con pañuelo en la cabeza, acompañada por su marido, que se levanta para escoltarla. No puede venir usted, dice una enfermera. En urgencias sólo entran los pacientes. Entonces, el marido monta una bronca espantosa. Él no deja sola a su mujer allí dentro, y todos son unos racistas. Él conoce sus derechos. Sale un médico. Intenta convencerlo. El otro levanta más la voz. Racistas, insiste. Al final, claro, entra con la mujer. Entonces todos los pacientes, que habían estado callados mientras las enfermeras y el médico se enfrentaban al marido, estallan en comentarios. Podían irse a que los atendieran en su tierra, y cosas así. Un par de ellos sacan el móvil y se ponen a contar el episodio a su familia, amigos y vecinos. A gritos. Mira tú el moro. Etcétera.
Sales al pasillo y vuelves a la sala de espera. Bajo los carteles que piden silencio, el vocerío es insoportable. Zumba la colmena de conversaciones en voz alta, ordinariez, descortesía y comentarios despectivos sobre el funcionamiento de la sanidad pública española. Se cae la cara de vergüenza, dicen. Y todo eso. Por un momento sientes el impulso de levantar la voz, como todos, para decir: «Tenéis una sanidad pública que no os merecéis, tontos del culo. Que no nos merecemos. Una sanidad fantástica. Gracias deberíamos dar por que esto todavía aguante. Que a saber cuánto dura. En vuestra puta vida, en la nuestra, podríamos pagarlo de nuestro bolsillo. ¿Quién os habéis creído que somos?».
Es lo que te pide el cuerpo decir. Pero no lo haces, claro. En vez de eso, cierras el pico y te apoyas en la pared bajo los carteles donde se advierte a quienes insulten o golpeen a médicos y enfermeras. Luego abres el libro que traías, haciendo como que lees; mientras, en efecto, se te cae la cara de vergüenza.

lunes, 11 de febrero de 2013

El PP bloquea todos los intentos de explicar e investigar el «caso Bankia»



Ni transparencia ni responsabilidades. El Gobierno y el PP están decididos a bloquear todas las posibilidades de explicación o investigación de las responsabilidades sobre lo ocurrido en Bankia y en solitario actúan para atajar las iniciativas del resto de grupos. Como explicó este martes gráficamente el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso, las comparecencias ahora son «no convenientes» y «serían contraproducentes». Y de comisión de investigación no quiere ni oír hablar, ni que se debata siquiera.
Al silencio que pretende el PP se sumó este martes Miguel Ángel Fernández Ordóñez, porque con su decisión de adelantar su salida del Banco de España arruina la posibilidad de que el gobernador dé su versión sobre lo que ha ocurrido en Bankia. Su caso es un ejemplo del propósito del PP por evitar las comparecencias: Fernández Ordóñez pidió por carta a la presidenta de la Comisión de Economía, Elvira Rodríguez, comparecer para hablar de Bankia, y ni por esas ha conseguido ir al Congreso a explicarse.
Bankia y los 23.000 millones de euros precisos para rescatar a la entidad monopolizan el debate político y se cuelan en el Parlamento por las pequeñas grietas que el PP no puede taponar. La tesis del Gobierno, marcada el lunes por el propio Mariano Rajoy, es que en este momento lo urgente es sacar a Bankia del agujero e intentar buscar la confianza en el sistema financiero español. Pero la Bolsa siguió este martes cayendo, la prima de riesgo se estabiliza por encima de los 500 puntos y se conocen detalles sobre Bankia como que Aurelio Izquierdo, uno de los directivos que dejó la entidad el año pasado, tendrá derecho a una indemnización cercana a los 14 millones de euros en pensiones y compromisos de prejubilación.
Fuentes del PP y del Gobierno admiten que Bankia ha arruinado su discurso, que lo que se va sabiendo dificulta que los ciudadanos asuman los recortes que se aprueban y que el rescate con dinero público de la entidad es una píldora muy difícil de tragar. Como efecto colateral, sitúan el daño irreversible a uno de los iconos del PP, Rodrigo Rato.
Siguiendo las instrucciones, los representantes del PP en la Mesa del Congreso frenaron por segunda vez en un mes la petición del grupo de Izquierda Plural (IU, ICV y CHA) de crear una comisión parlamentaria de investigación sobre Bankia. Con ese bloqueo, ni siquiera habrá la posibilidad de que se debata y vote en el pleno hasta dentro de dos semanas.
«Tengan paciencia e insistan», asegura José Luis Centella (IU) que les dijo este martes Jesús Posada, presidente del Congreso, cuando reiteraron la petición. El grupo que lidera Cayo Lara tiene que recurrir a una vía más lenta, que es la de interpelar este miércoles al Gobierno sobre Bankia y en el primer pleno, que será el próximo 12 de junio, someter a debate y votación una moción pidiendo la investigación parlamentaria. Es obvio que el PP no tiene ningún problema para rechazar la moción en el pleno solo con su mayoría absoluta, pero su estrategia es la de impedir que se debata ya. El precedente invocado para la comisión es el del caso Banesto, cuando en 1993 se investigó esta entidad, al ser intervenida por el Banco de España. Se forzó la comparecencia de Mario Conde, presidente de Banesto, destituido entonces y condenado luego.
Además, el PP peloteó este martes las peticiones del PSOE para que comparezcan en la Cámara los exgestores de Bankia Rodrigo Rato, José Luis Olivas y Miguel Blesa, y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Y, a su vez, desde esa comisión se remitieron las peticiones hacia una subcomisión que controla las ayudas a los bancos, en la que quedan dormidas y en vía muerta hasta nueva orden.
Esa subcomisión trabaja a puerta cerrada, tiene un cometido muy concreto que es el de recibir información periódica del secretario de Estado de Economía y el subgobernador del Banco de España sobre el FROB y no tiene capacidad para investigar Bankia. Este miércoles, el PP decidirá si tramita o no las peticiones, pero su portavoz Alfonso Alonso ya se ha encargado de anticipar que, «de momento», no se permitirán nuevas comparecencias de responsables financieros más allá de la del subgobernador del Banco de España, Javier Aríztegui, prevista para la próxima semana. Su argumento es que el objetivo en estos momentos es concluir el proceso de saneamiento financiero y es importante evitar cualquier «confrontación política» con la oposición.
La portavoz del PSOE, Soraya Rodríguez, anunció que su grupo pedirá que, al menos, sus trabajos sean públicos, porque ahora no se levanta ni acta de las pocas sesiones que ha celebrado. Las peticiones de comparecencia de los exgestores de Bankia tienen apoyo de todos los grupos, salvo PP y CiU. La de Fernández Ordóñez ya ha decaído por su renuncia al cargo.
Otra de las grietas por las que se coló Bankia en el Congreso fue este martes la discusión de una proposición de ley del Grupo Mixto sobre las cajas de ahorros, que permitió que toda la oposición incluyera en sus intervenciones la referencia al agujero de la entidad.
El PP respondió acusando al Gobierno anterior por la herencia que ha dejado y por no haber aprobado una norma como la que sí ha hecho Mariano Rajoy, limitando las indemnizaciones de exdirectivos de bancos que reciban dinero público.
Volverá a entrar este miércoles en la sesión de control y el jueves en la convalidación del decreto de reforma del sistema financiero, aprobado antes del estallido de Bankia, pero contaminado en su debate por la polémica. Tanto que se complica la posibilidad de que el PSOE se mantenga en el acuerdo con el PP sobre las reformas del sistema financiero.
Fuera de la Cámara, el PP también bloqueó la investigación en la Asamblea de Madrid, donde UPyD había presentado una solicitud de comisión a la que se habían sumado el PSOE e IU. En este caso, el argumento de los populares es que el control de las cajas y bancos excede de las competencias de la Cámara.
Frente al frontón del PP, UPyD e IU anunciaron su intención de presentar sendas denuncias ante la Fiscalía del Estado para que se abre (sic) una investigación que determine posibles responsabilidades penales en Bankia. El PSOE, al menos de momento, no es partidario de sumarse a esa vía, porque da por hecho que tarde o temprano se abrirá un proceso judicial sobre el caso, y ahora se trata de determinar las responsabilidades políticas en el Congreso.
No obstante, según el PSM, los exconsejeros socialistas en Bankia preparan una querella contra Rato que presentarán en los próximos días.

martes, 5 de febrero de 2013

Tarifa aprueba urbanizar una de sus últimas playas vírgenes



El pleno del Ayuntamiento de Tarifa (Cádiz), gobernado por el PP, ha sacado adelante esta tarde un plan urbanístico que prevé levantar 1400 plazas hoteleras y 350 viviendas en un entorno virgen del litoral gaditano. Es la playa de Valdevaqueros, bien conocida por los amantes del windsurf. El complejo residencial y turístico, respaldado por un grupo inversor privado, ocupará un área junto a las dunas y es el primero que se construirá en esta zona. Una plataforma ciudadana, aupada desde las redes sociales, ha concentrado a un centenar de personas en el Ayuntamiento para rechazar estas pretensiones.
El proyecto se llama técnicamente Plan Parcial Sector Litoral 1 Valdevaqueros. Afecta a 700.000 metros cuadrados —como 700 campos de fútbol— con una edificabilidad de 84.000 metros cuadrados. Es un proyecto promovido por la empresa GMT con el arquitecto Juan Muñoz como cara visible del grupo inversor que quiere levantar casas y hoteles. La idea surgió en los noventa y en su tramitación ha contado con el apoyo municipal, en estos años bajo el mandato de PP y PSOE.
Durante todo este martes #salvemosvaldevaqueros ha sido trending topic, tema más comentado en la red social Twitter. Lo ha impulsado una plataforma ciudadana. Su portavoz, Noelia Jurado, cree que este plan «quiere conseguir un aprovechamiento urbanístico en un suelo que se encuentra entre el Parque Natural del Estrecho y el Parque Natural de Los Alcornocales». Jurado sostiene que «la zona afectada es Reserva de la Biosfera por la Unesco». Habrá movilizaciones y denuncias ante la fiscalía.
Pero el proyecto cuenta con el visto bueno de las administraciones. «Se están tergiversando los datos sobre el Plan Parcial de Valdevaqueros, ya que se trata de una actuación urbanística de carácter moderno, actual y en la línea de un desarrollo blando e integrado en el medio físico», defiende el alcalde, Juan Andrés Gil. «Contempla una muy baja densidad de construcción, ya que, de los más de 700.000 metros cuadrados de superficie, solo podrán urbanizarse unos 84.000». Es decir, «de cada metro cuadrado existente tan solo se edificará un 0,12», añade el regidor. En su opinión, «el proyecto contempla construcciones de bajo y una planta en las viviendas y de bajo y dos alturas en las plazas hoteleras». Gil se siente víctima de «una campaña de desprestigio».
Durante el pleno, al que asistió un centenar de opositores al proyecto, el alcalde se ha encarado con algunos de los presentes, a los que ha acusado de querer dañar las posibilidades económicas del pueblo. Finalmente el PP ha obtenido el respaldo de PSOE y PA, que defienden la legalidad del proyecto, su reducido impacto ambiental y las positivas repercusiones económicas que tendrá. El partido independiente Unión Liberal por Tarifa (ULT) se ha abstenido e IU se ha convertido en el único partido que ha rechazado el proyecto. El discurso de su portavoz, Ezequiel Andréu, fue el más aplaudido por los presentes. «No hay plan arqueológico. Es un modelo de ladrillo ya obsoleto. No están claros sus beneficios», sostuvo. El edil de IU lamenta que en el mismo pleno donde se debatía este plan el resto de partidos sí aprobaron medidas para potenciar las energías renovables. «Es algo incoherente», lamenta.
El proyecto también cuenta con el visto bueno de la Junta de Andalucía. La delegada de Medio Ambiente, la socialista Silvia López, asegura que el proyecto «no merma los intereses naturales de ese paraje. Hay que tener tranquilidad». López garantiza que la Administración autonómica será vigilante con el desarrollo del proyecto. Este plan puede abrir un conflicto interno en el Gobierno autónomo, de coalición entre PSOE e IU. Los socialistas controlan la Consejería de Medio Ambiente, que conlleva el área de ordenación del territorio, mientras que IU tiene responsabilidad en Obras Públicas, Vivienda y Turismo.
El líder nacional de EQUO, Juan José López Uralde, ha reclamado la paralización del proyecto y lo sitúa como un ejemplo de que la crisis no ha cerrado del todo las amenazas del ladrillo sobre la costa. A esta movilización se ha sumado Greenpeace. «El cordón dunar de Valdevaqueros es una de las últimas joyas vírgenes de España y se encuentra en una zona conocida mundialmente por su modelo turístico sostenible», defiende la responsable de la campaña de Costas de esta organización ecologista, Pilar Marcos. «Reavivar el ladrillazo no es modo de solucionar la crisis».
Esta movilización recuerda a la protagonizada hace dos años contra un proyecto similar en otra playa casi virgen, la de El Palmar (Vejer), auspiciado por el Ayuntamiento, gobernado entonces por el PSOE y ahora por el PP. Ahí también hay visto bueno administrativo, aunque la falta de financiación lo ha paralizado. La crisis se ha aliado aquí con el paisaje. Detrás de este proyecto está también el arquitecto Juan Muñoz.

«Cuando cruzar la calle es ilegal un país se va al garete»



Los tres días de aniversario del 15-M se han saldado, hasta el momento, con 19 detenciones. Indignados que no quisieron seguir las limitaciones horarias fijadas por la Delegación de Gobierno, pero también de personas que sencillamente pasaban por allí. «Estás en el sitio equivocado en el momento equivocado», cuenta Laura Díaz que le dijo un agente tras su detención. Como ella, otros tres detenidos acabaron pasando 20 horas en los calabozos de la comisaría de Moratalaz y no se habían manifestado, según afirman los abogados del 15-M.
En la madrugada del domingo 13 de mayo, Díaz volvía a su casa después de estar bailando con amigos en una discoteca cuando se topó con el cordón policial que rodeaba Sol y aledaños. Esta alicantina de 26 años, periodista free lance que esa noche no estaba trabajando, simpatiza con el movimiento de los indignados. Hace un año participó en las manifestaciones, pero no lo ha hecho en esta ocasión. «Esta vez no he ido a nada, la verdad. Ese día había estado viendo por la tele un programa sobre el aniversario. Me llamaron unos amigos para salir a bailar, me comí un kebab y fui al Ocho y Medio donde pinchaba Mario Vaquerizo. Cuando me cansé, me volví a mi casa».
Díaz, que vive por la zona de Antón Martín, pretendía atravesar la zona cuando se topó con el cordón policial. «Volvía desde Tribunal e intenté bajar Preciados pero estaba acordonada. Le pregunté al agente, ¿y cómo lo hago? y me mandó a la calle del Carmen, que también estaba cercada. Pregunté de nuevo, un policía se enfadó y me inmovilizó». El vídeo de cómo un agente la retiene con fuerza contra un muro ha sido muy difundido. Laura recuerda el momento de forma confusa. «Llegó un punto que desconecté, me hacía tanto daño y era tan injustificado… Sólo le pedía que dejara de hacerme daño, yo no estaba oponiendo ningún tipo de resistencia».
Ya en la lechera, Laura sacó su móvil y escribió en Facebook: «Me han detenido, ni siquiera sé a dónde voy, por favor haced algo». «Me pareció buena idea avisar a mis amigos antes que a mi madre y que se pusiera histérica». Una amiga llamó a todas las comisarías y otra contactó a través de Twitter con la comisión de legal del 15-M. En principio Díaz pidió un abogado de oficio, pero luego ha decidido que sean los mismos letrados de los indignados quienes se hagan cargo de su caso. «Supongo que se movilizarán más», dice.
La alicantina tiene el cuerpo dolorido y moratones en brazos y espalda. Del trato recibido en la comisaría de Moratalaz, dice: «Cada dos horas nos despertaban. Y a una chica le han dado un guantazo y le han partido el labio». Como el resto de los detenidos, Díaz está acusada de resistencia y desobediencia a agente de la autoridad. «Es el cargo comodín, nos acusan a todos de lo mismo. Yo no he pegado a nadie, no he increpado a ningún policía, tampoco desobedecí. Es muy triste todo. Por reiterativo que parezca es indignante. Cuando cruzar la calle es ilegal un país se va al garete».