martes, 26 de marzo de 2013

La juez, el fiscal y el Gorrinín



Parece el título de una película italiana de los años 50, de las de Dino Risi o Vittorio de Sica; pero a diferencia de aquéllas, ésta no tiene puñetera gracia. O sí, según se mire. Para reírte un rato, con desesperación, de este país de payasos. En cualquier caso, situémonos: Galapagar, sierra de Madrid, hace un par de semanas. Protagonista involuntario, un picoleto que en coche oficial verde y blanco, con pirulo y rótulo de Picolandia, transporta a su domicilio a una mujer maltratada. Después se acerca a un estanco a comprar tabaco. A los veinte pasos oye un ruido a su espalda, se vuelve y ve a dos pavos que han roto un cristal del coche y están desvalijándolo por la cara. Echa a correr hacia ellos, y los artistas se abren a toda leche llevándose el gepeese del coche y la cartera del agente con su deneí, su carnet de cigüeño, sus tarjetas de crédito y su permiso de conducir, que tenía en la guantera. El guardia llama por radio a los colegas. Galapagar es un pueblo pequeño, y un par de picos se ponen a buscar a los malos. Empieza la caza del hombre.
Ahora vamos con los malandros. Un español y un moro. El español, conocido en el pueblo como delincuente habitual de toda la vida, tiene 35 tacos, y para que se hagan ustedes idea de la calaña del hijoputa, responde al elegante apodo de Gorrinín: treinta detenciones entre 1997 y 2001, seis durante 2010 y ocho desde enero de este año, fecha de su última salida del talego. O sea, 44 coloquetas en cinco años y sigue en la calle. Entra por una puerta y sale por otra. Para entendernos: una típica criatura maltratada por la injusta sociedad moderna. El consorte también es criatura maltratada típica: se llama Jalil, y según me cuenta un amiguete de confianza que tengo próximo al juzgado local, «no es muy listo, así que mayormente el otro lo lleva para que se coma los marrones, porque como es moro lo sueltan en seguida». El caso es que los dos colegas, tras desparramar el coche y largarse con el botín, están echándole un vistazo a la cartera del picoleto cuando antes de tres minutos de reloj les caen encima los colegas del damnificado. Alto a la Guardia Civil y todo eso. Fin del segundo acto.
Cacheo de rigor. Contra la pared, brazos y piernas separadas. Y cuando están en ello, y uno de los guardias va a registrar al Gorrinín, éste se revuelve de pronto, saca una navaja y le pega al representante de la injusta sociedad que lo maltrata una mojada que, de no apartarse a tiempo el picolino, lo pone mirando a Triana. Pero sólo le alcanza un tajo en el brazo izquierdo —que necesitará seis puntos de sutura en el centro de salud del pueblo—. Los dos se agarran y caen al suelo, el Gorrinín pegando navajazos y el cigüeño ensangrentado, procurando no llevárselos él. Al final vence la ley y el orden, como se veía venir, y al Gorrinín y al Jalil se los llevan esposados al cuartelillo. Diligencias, etc. Al rato, él y el consorte están en el vecino juzgado de Collado Villalba. Y allí empieza el cuarto acto del sainete, que es mi favorito.
El fiscal debe de estar muy ocupado, porque no aparece por ninguna parte. Y como no hay fiscal que fiscalice, la juez de guardia, conforme a lo previsto en el artículo 505.4 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ordena la inmediata puesta en libertad del Gorrinín y su colega. Sin fianza. Eso sí, con la seria advertencia —a uno que lleva ocho detenciones por robo y lesiones en lo que va de año— de que se presente cada quince días en el juzgado. So pena, si incumple, de afearle seriamente la conducta. Así que al Gorrinín le quitan las esposas y le señalan la salida: puerta, camino y El Viti. Y el ciudadano, con la contrición y pesadumbre que son de suponer, se dirige hacia ella; no sin antes detenerse en la puerta, dirigir una pedorreta a los funcionarios del juzgado y a los guardias que están allí, y anunciar literalmente: «Soy el amo de Galapagar, y no podéis hacerme nada. Ya veréis. Os vais a cagar». Y luego, rascarse los huevos, encender un pitillo e irse a tomar unas cañas.
Ahora hagan ustedes, porfa, el bonito ejercicio de imaginar que al picolo del navajazo se le hubiera ocurrido sacar el fusko durante la pajarraca. Y que en el forcejeo se le hubiera escapado un tiro. O que, por impulso propio del instinto de supervivencia, se lo hubiera pegado a propósito al malo entre ceja y ceja, tras el primer navajazo. Calculen los titulares: respuesta desproporcionada, brutalidad picoleta, fascismo guarro, etcétera. Y los telediarios abriendo con nombre, apellidos, domicilio y foto de primera comunión del guardia. Que podía darse por bien jodido, el infeliz. Iban a salirle fiscales localizables y jueces rigurosos hasta de debajo de las piedras.

Soltar una ventosidad ante su pareja es violencia de género



El Juzgado de Violencia de Género nº 1 de Valencia ha condenado a un mes de multa a un hombre que, en una discusión con su pareja, soltó una «ruidosa ventosidad», según consta en la sentencia, lo que, según el Juez, constituye «una actitud de menosprecio que lesionó la dignidad de la denunciante además de menoscabar su autoestima y honor».
Así, la incontinencia gaseosa se incorpora al largo catálogo de acciones punibles en los llamados delitos contra la violencia de género. Esta vez en el capítulo de violencia psicológica al no existir malos tratos físicos ni de palabra, a decir de los expertos en la materia.
Los hechos que ha condenado el juez tuvieron lugar en el transcurso de una discusión entre la denunciante y su marido. Éste decidió cortar lo que podía ir mas [sic] lejos dándose la vuelta y dejando con la palabra en la boca a su mujer. Eso sí, cuando se alejaba, se le escapó una fuerte ventosidad que la esposa interpretó como un insulto dirigido hacia ella.
No lo pensó dos veces. Se fue al juzgado de Violencia de Género de Valencia y denunció los hechos como constitutivos de un supuesto delito contra su dignidad.
La demanda fue admitida a trámite y dio lugar a un juicio contra el marido por una supuesta falta de injurias.
Tras la vista oral, el juez dictó sentencia en la que da la razón a la mujer al considerar que, con esa actitud, el denunciado había menoscabado su honor.

viernes, 15 de marzo de 2013

Detenidos dos menores por originar ocho fuegos en Rosas



Dos menores de 16 años y vecinos de Rosas (Alto Ampurdán) fueron detenidos este martes en su localidad por haber provocado, presuntamente, ocho incendios en el municipio. Los fuegos que les atribuyen los Mossos d’Esquadra afectaron a unos 9.000 metros cuadrados y se registraron entre el 21 de junio y el 24 de agosto. Clave en la investigación resultó el hallazgo de una tarjeta de memoria de un teléfono móvil con imágenes y vídeos en que aparecían los jóvenes encendiendo fuegos en zonas forestales. La operación no está cerrada, ya que los mossos investigan si los dos detenidos tienen vinculación con algún otro incendio. Los adolescentes, que no tienen antecedentes, deben ser citados próximamente por la Fiscalía de Menores de Gerona para tomarles declaración.
A mediados de agosto, un hombre encontró en Mas Fumats una tarjeta de memoria de un móvil y la entregó a la policía. Los investigadores de los mossos visionaron lo que había en la tarjeta: según las fuentes policiales, imágenes y vídeos de cómo los jóvenes encendían fuegos (en uno de ellos se ve como [sic] prenden vegetación seca con trapos de papel) y luego se iban en ciclomotor; vídeos de los terrenos y árboles quemados, de las columnas de humo, además de filmarse andando por la tierra quemada; e imágenes de cómo hacían hogueras con hierbas secas en medio de un camino de tierra y luego saltaban las llamas. No consta que colgasen estas imágenes en las redes sociales.
Esa pista dio un vuelco a las pesquisas de la policía, que había centrado todos sus esfuerzos en aclarar qué había detrás de la sucesión de incendios que se habían desatado desde finales de junio en Rosas y que, previsiblemente, habían sido intencionados. Debido al estado de los bosques y por el gran número de fuegos en la comarca (el más devastador fue el de La Jonquera que carbonizó 13.000 hectáreas), los agentes de Rosas se habían marcado como prioridad dar con los pirómanos para atajar cuanto antes una situación que podía desembocar en una tragedia.
La investigación culminó este martes con la detención de los dos menores, a los que los mossos hacen responsables de ocho incendios en Rosas este verano —el último hace apenas seis días— en la urbanización Mas Fumats, Mas Matas, Puig Rom y la carretera de las Arenes. Todos en franjas horarias distintas. En total, unos 9.000 metros cuadrados quemados de broza, viñedos, olivos y encinas. Algunos de los ocho incendios que les atribuye la policía se produjeron el 21 y 26 de junio, el 27 de julio (ese día fueron dos, uno que quemó 1000 metros cuadrados y otro, 50) y, el último, el 24 de agosto, que se originó en un olivar en la carretera de las Arenes y quemó 25 metros cuadrados de matorral y una carroza de carnaval.
Sin embargo, esta cifra podría aumentar, ya que los Mossos d’Esquadra intentan averiguar si los dos jóvenes también tienen relación con un fuego del 24 de junio que quemó olivos y 200 balas de paja. El propietario del terreno denunció entonces daños por valor de 12.000 euros y el robo de gasóleo del tractor para prender el fuego. La policía sospecha que actuaban por «divertimento» y con el único objeto de entretenerse. Algo que recuerda al trágico incendio en Horta de Sant Joan de julio de 2009 en que los dos presuntos responsables tomaron imágenes con sus móviles posando con la columna de humo detrás y sonrientes. Ese fuego se cobró la vida de cinco bomberos.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Un error del ministro Soria siembra la confusión entre los usuarios sobre la aplicación del nuevo IVA



Dice que las empresas que cobren en septiembre los consumos de meses anteriores aplicando el nuevo tipo «tendrán que asumir las consecuencias», cuando la ley les obliga a hacerlo.
FACUA-Consumidores en Acción alerta que (sic) un error del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, está sembrando la confusión entre los usuarios sobre la aplicación del nuevo IVA.
Soria ha advertido, en declaraciones a Europa Press, que el Gobierno va a «velar» por que en los recibos que las empresas emitan a partir del 1 septiembre por consumos realizados antes de esa fecha no se caiga en la «tentación» de aplicar el nuevo aumento del IVA, y previene de las «consecuencias» de hacerlo.
«Decimos abiertamente que quienes tengan la tentación de caer en un tipo de prácticas aprovechándose de una subida del IVA para repercutir ese aumento en consumos que se hayan hecho con anterioridad al 1 de septiembre, que es cuando entra en vigor, tendrán que asumir las consecuencias de esa conducta, que es absolutamente reprobable», afirmó el ministro.
FACUA lamenta el desconocimiento del ministro sobre cómo regula la aplicación del impuesto la Ley del IVA de 1992.
La asociación viene recordando que, lamentablemente, según el artículo 75 de dicha norma las facturas de suministros de tracto sucesivo como el agua, la luz, el gas, la televisión, la telefonía o el acceso a Internet se cobrarán aplicando el nuevo IVA si la obligación de pago se genera con posterioridad al 31 de agosto, aunque los consumos se hayan realizado durante el mes o meses anteriores, en el caso de los suministros que se cobran con periodicidad bimestral o trimestral.
De hecho, una resolución del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas fechada el pasado 2 de agosto recuerda esta circunstancia: «resultará plenamente ajustado a Derecho el gravamen a los nuevos tipos impositivos cuando se trate de contraprestaciones exigibles contractualmente con posterioridad al 31 de agosto de 2012, aun cuando se trate de servicios o suministros que se correspondan con periodos de consumo anteriores a esa fecha, pero cuya exigibilidad del precio sea posterior a la misma».
FACUA espera que Soria rectifique públicamente sus declaraciones, salvo que la pretensión del Gobierno sea aprobar de urgencia una norma que modifique la Ley del Impuesto sobre el Valor Añadido haciendo que el IVA aplicable sea el vigente durante el consumo de los servicios en cuestión.
Se trata de una reivindicación que viene planteando FACUA desde que el Gobierno anterior subió el IVA, en 2010, aunque hasta la fecha el PP —al igual que el PSOE— no han anunciado su intención de cambiar la Ley para evitar perjuicios a los consumidores en el cobro de suministros cuando se produce un incremento del impuesto.

Disfrazando a las criaturas



Fecha del sainete: junio. Lugar: escuela infantil con cabroncetes de 3 a 6 años. Personajes: miembros de la antes APA (Asociación de Padres de Alumnos) y ahora AMPAA (Asociación de Madres y Padres de Alumnas y Alumnos). País —lo han adivinado—: España. Motivo: fiesta de fin de curso de los malditos enanos. Para crear ambiente, precisemos que un estudio del psicopedagogo del centro determinó retirar la prohibición a los alumnos —alumnos y alumnas, puntualizaba—, común a la mayor parte de los colegios españoles, de utilizar el teléfono móvil en los pasillos y el patio del recreo. «La imposibilidad de utilizar el móvil —decía el delicioso texto pericial— genera una ansiedad en el alumnado que disminuye su atención y rendimiento en clase y puede dar lugar a disfunciones psicológicas». Con lo cual imagínense el recreo. Los pasillos. El cuadro, o sea. El colegio entero parece un locutorio telefónico. Eso sí: ni una sola disfunción a la vista.
Pero volvamos al asunto. Una vez situados en la clase de colegio de que se trata —lo llamaremos CEIP Buenaventura Durruti para no forzar la imaginación—, lo siguiente será fácil de comprender. Los papis y mamis, reunidos para tratar el asunto de la fiesta de fin de curso, debaten el tema. Por supuesto, el centro aconseja elaborar los disfraces infantiles con materiales respetuosos hacia el medio ambiente: reciclaje, reutilización de objetos, etcétera. Y este año, tras considerar varias posibilidades, alguien propone el tema Piratas, siempre atractivo para los niños y de sencilla ejecución, en principio. Después de animado debate previo —hay quien apunta, muy serio, que los piratas son individuos de ética discutible y no transmiten valores—, los padres y madres del alumnado y la alumnada deciden refugiarse en lo clásico. Los niños irán de piratas, y punto. Sombreros de cartón, parches en el ojo de materiales reciclables, calaveras y tibias de papel ecológico. Entonces alguien formula la pregunta crucial: «¿Y las armas?». Y se hace un silencio.
La discusión que sigue tras el silencio —ha durado cinco segundos de reloj— es estupenda. Tengo la transcripción literal, pero la soslayo por larga. Resumiré consignando que una madre sugiere comprar espaditas de plástico en el chino de la esquina, pero otras se oponen. «No, que luego se pegan con ellas», dice una. «Hagámoslas entonces de cartón —responde otra—, en plan atrezzo». Pero surgen discrepancias. «Me niego a que los niños vayan armados», dice alguien. Un padre allí presente propone recortar pistolas de cartulina y que las lleven en la faja, pero otro se manifiesta en contra de cualquier arma de fuego, real o figurada. «De todas formas —interviene una madre—, un pirata sin espada no es un pirata». Otro silencio perplejo. Al fin, un padre sugiere que en vez de espadas los niños lleven catalejos. Podrían hacerse con tubos de papel higiénico, propone. «Entonces los niños irán disfrazados de marinos, no de piratas», apunta alguien. «O de astrónomos», tercia otro padre, guasón, al que dos o tres miran mal y alguien llama fascista por lo bajini. Sigue la murga. «Por definición, un pirata debe llevar un arma», razona una madre. «Es que son piratas buenos», opone otra. Eso suscita un vivo debate ético sobre la piratería. «Si son buenos, no pueden ser piratas», dice alguien. «Un pirata siempre es malo», añade otro. «Igual lo de piratas buenos con los niños no cuela», opina un tercero. «Hay peores formas de hacer el mal —expone después una madre—. Dejemos de aplicar clichés maniqueos y asociar la figura del pirata con la violencia». «Pues ya me dirás cómo hacen entonces los abordajes», le responden. Otra madre comenta que es posible que algún alumno tenga parientes faenando en el Índico y sepa lo que son piratas de verdad, con lo que el trauma psicopedagógico puede ser fuerte. Mejor no remover eso, opina. «Pero es que hay piratas y piratas, y los del Índico son somalíes hambrientos», justifica una tercera mamá. «Entonces, disfracemos a los niños de negros, pero sin armas», sugiere un padre que ha llegado tarde y no se entera bien de qué va la discusión. «Africano de color, quiero decir», añade cuando todos lo miran con el ceño fruncido. «Sí, claro. Vendiendo relojes y gafas de sol», propone el que antes fue llamado fascista. Alguien da unos golpes en la mesa y dice: «¿Os dais cuenta de en qué jardín nos estamos metiendo?».
Lo del jardín alumbra una idea brillante. Los enanos, se aprueba al fin por unanimidad, irán disfrazados de bucólico paisaje campestre: las niñas de árboles y los niños de flores, con pétalos recortados de papel de colores y un hueco en el centro para asomar la cara. Todos pacíficos, solidarios, ecológicos, reciclables, sostenibles.
O sea. Monísimos.