viernes, 28 de octubre de 2016

«Yo no quería denunciar, tengo miedo».



A Carlos le extrañó que no hubiera nadie en el aparcamiento de la plaza de toros de Las Ventas. No era la primera vez que iba a buscar un contacto a ese conocido punto de encuentro gay. Pero sí sería la última. Cuando llegó, a eso de las 23.30, sólo había otro chico en un coche. Cerró el suyo y se acercó a él.
—Qué raro, no hay nadie —le comentó.
Después, los ojos de terror de ese chico al que acababa de conocer. Giró la cabeza y los vio: «Eran siete u ocho, todos vestidos de negro», recuerda.
—¡Maricón! —gritaron, rodeándolos.
Corrió por el terraplén de salida del aparcamiento, se topó con la valla que sirve de perímetro a la carretera de la M-30. Sintió una descarga en el hombro. Tropezó. Se protegió la cabeza con los brazos mientras recibía decenas de patadas en el suelo. Pudo abrir los ojos unos segundos y vio un hueco en la cerca de alambre, se dejó caer al arcén de la autovía: «Menos mal que no había mucha altura, no sabía adónde me estaba tirando, sólo quería huir de ellos».
Sin dejar de correr, miró hacía atrás y vio cómo pateaban a aquel chico, del que no volvió a saber nada hasta que un día le llamó la Policía.
Hoy se cumple un mes de aquella agresión homófoba. Carlos no se llama Carlos. Pero prefiere no hacer público su verdadero nombre. Tiene 43 años. Trabaja como administrativo. Bueno, trabajaba, porque desde entonces está de baja en su casa. Tiene el hombro roto por varios sitios: «Cuatro fragmentos de húmero proximal izquierdo con lesión neurológica asociada tras agresión [sic], refiere que le dieron una descarga eléctrica en región de [sic] hombro, con disestesias y pérdida de fuerza para la movilización de mano y dedos desde ese momento», reza el parte médico del hospital Ramón y Cajal, adonde le llevó una ambulancia del Samur después de que un viandante le prestase ayuda. Carlos tiene una parálisis nervio-radial desde el ataque.
«No quería denunciar», recuerda. «Lo hice porque me convenció mi familia. Tengo miedo».
A las 20.00 horas del 21 de enero, nada más salir operado del hospital, se presentó en la comisaría de Alcobendas. Aparte de relatar esos mismos hechos, tal y como consta en el atestado, sólo pudo aportar que los agresores eran todos varones jóvenes, de entre 20 y 30 años.
Las cámaras de seguridad del aparcamiento de Las Ventas ayudaron a identificar a tres de ellos. «Según me dijo la policía cuando me llamó, todos tenían antecedentes por otras agresiones», cuenta. Carlos no quiso ir a la rueda de reconocimiento. «Temo que me reconozcan y que tomen represalias. Yo sólo quiero recuperarme y olvidar todo esto».
Después supo también que aquel chico del aparcamiento, tras pasar varios días en el hospital, con la nariz rota y operada y todo el cuerpo contusionado, puso su correspondiente denuncia. «Él está dispuesto a tirar para adelante», dice Carlos que le dijo el agente. Lo que nunca supo es que los tres chicos que detuvieron los miembros de la Policía Judicial eran menores de edad y que pasaron a disposición del Grupo de Menores (GRUME).

lunes, 17 de octubre de 2016

Lo multan por saltarse un semáforo en rojo en una calle donde no hay



Hace siete años, a José Luis Simó Ribas le llegó una sorpresa a su casa, una multa por pasarse un semáforo en rojo. El asombro de este vecino de Palma no fue la propia sanción, sino el hecho de que en la calle que le marcaba el papel no hay semáforo alguno. Fue en ese momento cuando comenzó su cruzada personal contra el Ayuntamiento de Palma y la Policía Local para que se la quitaran, batalla que aún no ha acabado para él.
El afectado pensó que todo era un malentendido que se solucionaría de forma rápida porque, al fin y al cabo, no sería difícil explicar a las autoridades oportunas que no se puede multar una infracción que es imposible de cometer. No sólo no hay ningún semáforo en la calle Passeig del Born de El Molinar, donde lo multaron, sino que José Luis puede certificar que el día de la denuncia no pasó por el barrio porque estaba trabajando en el centro de la ciudad.
Todo su optimismo desapareció cuando le embargaron la cuota de la sanción del banco en marzo del 2007, un total de 185 euros que no ha vuelto a ver. A las pocas semanas de que le retiraran el dinero de la cuenta, fue cuando envió su primer recurso a Cort para pedir que revisaran el expediente y solicitar la devolución por defecto de la multa. Meses después, la Tesorería del Ayuntamiento dictó su resolución en la que lo desestimaba y aseguró que, tras consultar el soporte informático, el expediente de su sanción se notificó de forma correcta. Ni el book de fotos de la calle que también envió para demostrar la carencia de semáforos sirvió para que anularan la sanción. «Las imágenes lo dejan claro, pero ni con eso me la quitaron», comenta.
José Luis persistió en su intento de que anularan la multa y en 2009 interpuso una reclamación económico-administrativa contra la desestimación del recurso anterior. En este caso, fue el Consejo Tributario del consistorio palmesano el que se reunió en pleno para acordar una resolución de este caso tan peculiar.
La contestación fue que desestimaron la reclamación porque, como ya habían explicado desde la Tesorería, los motivos que invoca el interesado no son ninguno de los establecidos de forma legal para la oposición de constreñimiento. Pago, prescripción, aplazamiento, falta de notificación de la liquidación y error u omisión del mismo constreñimiento que impida la identificación de la deuda o el deudor son los argumentos que sirven para poder reclamar, pero como lo que pide José Luis no está dentro de lo normal para exigir el dinero de la multa, rechazaron su petición.
«Ya estaba harto de que negaran todo, así que solicité una instancia al Ayuntamiento para que ellos mismos dijeran si hay o no semáforos en el Passeig del Born de El Molinar». La respuesta del Departamento de Movilidad (Circulación) no se hizo esperar: «No hay ninguna instalación semafórica que dependa de nuestro departamento».
Tras recibir la contestación, hace cuatro meses, José Luis envió otro recurso donde la adjuntó, algo que no le sirvió de nada. Lo único que obtuvo por parte del Departamento Financiero del Ayuntamiento, que se debería encargar de la devolución del embargo, fue un recordatorio de que en diciembre de 2009 desestimaron la reclamación donde exigía la devolución del dinero.
El afectado acudió también a la Policía Local de San Fernando para intentar que echaran atrás la sanción. Tras intentar explicarles que el fallo había sido de uno de sus agentes, asegura que la única ayuda que consiguió del Cuerpo fue que un policía le dijera que «si un agente dice que pasa un tren por el Borne, es que pasa un tren por allí». José Luis lleva años luchando sin obtener la anulación de la multa que busca, pero no se dará por vencido. Ahora, cuando pasa por El Molinar le viene a la cabeza la sanción. «No es por el dinero, lo único que quiero es que no se salgan con la suya, porque no tienen ninguna razón en esto», concluye.

Amputarse el meñique para llevar tacón alto, nueva moda en EE. UU.



Hasta ahora las plantillas eran las mejores aliadas para lucir unos zapatos con un buen tacón. Pero parece que no es suficiente para muchas mujeres estadounidenses, que han llegado a extremos un poco macabros para subirse a unos tacones de infarto y aguantar con ellos lo que haga falta. En EE. UU. se ha puesto de moda cortarse el dedo meñique del pie para que el calzado alto se adapte mucho mejor. Aun así, muchos cirujanos especialistas se niegan a realizar este tipo de intervenciones, en las que se suele cortar parte del dedo por ser demasiado largo. Esto puede provocar, según los expertos, un exceso de presión en el resto del pie.
Además, no se queda ahí el asunto, ya que también hay mujeres que optan por inyectarse colágeno en la planta de los pies, práctica que les puede causar malformaciones. «Yo sólo hago cirugías para las personas que tienen problemas, si no es así, no hay cirugía», asegura el doctor Brenner, miembro de la Asociación Americana de Podología Médica, en CBS News.
Una de las que se han sometido a un acortamiento de dedo del pie es Susan Deming, quien explica a Fox News: «A menos que hayas estado allí, no puedas encontrar zapatos, y sientas mucho dolor, no puedes juzgarnos. Yo tenía callos y todo tipo de problemas con mi pie izquierdo. Y finalmente, ha sido una solución». Según datos de la Asociación Americana de Podología Médica, el 87 % de las mujeres tienen problemas en los pies por usar zapatos mal ajustados e incómodos tacones altos.

martes, 11 de octubre de 2016

Tras la nieve, llegan los salvajes

Lunes, 16 de febrero de 2015 (La nueva crónica).


«Es un espectáculo espeluznante, dantesco. Se lo contamos a los vecinos mayores del pueblo y nunca habían visto nada parecido, por mucho que nevara, se echan las manos a la cabeza». Quien así habla es una de las vecinas de Los Espejos de la Reina, indignada ante la gran cantidad de cadáveres de ciervos que aparecen por los alrededores del pueblo. Incluso en las mismas cunetas de la carretera nacional. Los animales están completamente debilitados por la nevada, que reduce su movilidad y dificulta la búsqueda de alimento, motivos por los que los animales se acercan a los pueblos, para intentar calentar las piernas y encontrar alimento.
Allí, a pesar de que los vecinos les dan hierba para que puedan sobrevivir, en demasiadas ocasiones se encuentran con furtivos que los rematan y les sierran los cuernos. Los cadáveres se amontonan en las cunetas y hacen temer la propagación de la sarna y la brucelosis.