jueves, 26 de enero de 2017

Las constructoras piden poner peaje en autovías para captar 6 800 millones



«Ahora todo va a favor de la inversión». Con estas palabras, Julián Núñez, presidente de Seopan, la patronal que representa a grandes constructoras como Ferrovial, FCC, OHL, Dragados, Sacyr o Acciona, presentó este miércoles el balance del sector, que culminó en 2014 siete años de vacas flacas y aborda 2015 con los primeros indicios, «muy humildes», de recuperación. El presidente de Seopan añadió que los años de crisis —más de la mitad del recorte en gasto público se ha centrado en la inversión—, «han ampliado el diferencial con los principales países europeos». Las grandes constructoras instan a cubrir ese diferencial (pasar de los 600 euros anuales por kilómetro cuadrado y millón de habitantes a los 1500 de Francia y Alemania) en los próximos ocho años. Pero con la restricción presupuestaria aún muy viva (el déficit público en 2014 fue aún del 5,5 % del PIB), Núñez planteó la necesidad de lograr recursos adicionales y actualizó una vieja idea del sector, obviamente interesado en que se acelere el ritmo de la obra pública: la aplicación de un peaje en los 16 455 kilómetros de carreteras de alta capacidad.
«Es una propuesta que enviaremos al Gobierno y a todos los partidos», explicó en conferencia de prensa Núñez, que quiere introducir esta controvertida medida —el Ejecutivo del PP ha desestimado medidas similares o una iniciativa más limitada, la euroviñeta para camiones de alto tonelaje— en el debate electoral para facilitar su puesta en marcha en la próxima legislatura. El presidente de Seopan sostuvo que España es uno de los países europeos con menos kilómetros (3026 kilómetros, el 18 % de la red de alta capacidad) en los que se cobra por circular (en el caso español, los peajes son en autopistas), cuando en la mayoría de la UE todas las autopistas o autovías soportan algún tipo de tarifa.
La propuesta de Seopan es extender la aplicación de «peaje blando» a todas las autovías y las autopistas, menos costoso que el que ahora está en vigor en las autopistas, y para todos los vehículos, ya sean turismos y camiones, con tarifas que fluctuarían entre los 0,03 euros y los 0,14 euros por kilómetro. «Para el transporte por carretera habría algún tipo de subvención, como en Alemania», puntualizó Núñez. Las grandes constructoras plantean que el sistema —mediante arcos a la entrada y salida de las vías, en los que se leería de forma automática la matrícula del vehículo— se ponga en marcha en 2016 de forma progresiva, hasta ingresar más de 5000 millones en 2019. Seopan calcula que, a pleno rendimiento, este sistema de peaje, con unos gastos operativos de unos 250 millones anuales, generaría más de 6800 millones al año.
Las grandes constructoras creen que en la próxima legislatura (2016-2019) la extensión del peaje a las autovías y a todo tipo de vehículos permitiría captar unos 10200 millones de euros. Y que ese dinero, pagado por los usuarios de autopistas y autovías, serviría para financiar un tercio del aumento de la inversión pública que creen necesario en esos cuatro años, hasta situarla en el 2,6 % del PIB anual.
Seopan plantea elevar la inversión pública directa en 32 500 millones en cuatro años, una inversión adicional que saldría de los presupuestos y del copago de usuarios de infraestructuras de todo tipo (el peaje a autovías y autopistas, pero también la aplicación de cánones en depuradoras o instalaciones portuarias). Además, las grandes constructoras creen que el apoyo público a la financiación de un ambicioso plan de rehabilitación de viviendas, como el promovido en Alemania entre 2008 y 2010 o de mejora de las «autopistas maduras», permitiría a las empresas privadas costear una inversión adicional de otros 33 355 millones.
Con ese aumento de la inversión, pública y privada, de 65 835 millones entre 2016 y 2019, Seopan estima que se sostendrían unos 256 000 empleos a tiempo completo cada año (un millón de nuevos puestos de trabajo en el periodo), y que la actividad generada permitiría, vía impuestos, un retorno fiscal valorado en unos 30 716 millones, casi la mitad del gasto previsto.
Hasta 8000 millones por liquidar las autopistas quebradas.
El rescate de las ocho autopistas de peaje en concurso de acreedores se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza del Gobierno español, hasta el punto que la Comisión Europea sigue de cerca cuál podría ser el impacto de la liquidación en las cuentas públicas españolas.
Para sortear esa liquidación, el Gobierno trabaja desde hace meses con las constructoras y los bancos acreedores en la constitución de una sociedad pública que asuma las deudas, tras una quita del 50 % de los pasivos y la pérdida de los 1760 millones de capital de las empresas. Pero la constitución de esa sociedad pública está en punto muerto, y una resolución judicial que rechazó el convenio de acreedores que presentó Fomento para la AP-36 Ocaña-La Roda, ha vuelto a poner la posibilidad de un rescate sobre el tapete.
El Gobierno estimó en 4500 millones el dinero que tendría que asumir por la responsabilidad patrimonial de la administración en estas concesiones si las autovías van a la liquidación. Las empresas accionistas elevan ese cálculo a 5200 millones, que impactarían directamente en el déficit público (en 0,6 puntos porcentuales del PIB). Y la patronal Seopan elevó ayer esa previsión hasta los 8000 millones por el coste adicional en tribunales de las eventuales reclamaciones de los afectados por las liquidaciones.

jueves, 5 de enero de 2017

Aumentan las trampas para ahuyentar al ciclista del monte



Manuel Fernández, de 57 años, salió la pasada primavera a hacer una ruta en bicicleta con amigos por el monte, entre las localidades de Bueño y Palomar (Asturias). Iba el primero en una bajada no muy pronunciada, con la vista fija en el suelo. No quería tropezar con ramas ni piedras. No miró al frente. Aunque si lo hubiera hecho, quizás tampoco se habría percatado del trozo de alambre de espino, colgado entre dos árboles, al que se estaba acercando peligrosamente.
El golpe en la cara fue inevitable. Fernández cayó de espaldas. Abrió los ojos y vio entonces el trozo de cable balanceándose sobre su cabeza. Había topado con una de las numerosas trampas que en los últimos años están proliferando en los montes españoles, según distintos colectivos de ciclistas consultados para este reportaje. Algunas, como el alambre que desfiguró el rostro de Fernández, no son intencionadas; se deben a una imprudencia. Pastores, por ejemplo, que colocan lindes improvisadas para que no se disperse su ganado. Pero muchas otras las ponen cazadores, ganaderos o propietarios de fincas para ahuyentar a ciclistas y motoristas de los caminos porque les resultan molestos.
Fernández estuvo a punto de perder medio labio. El corte, de la nariz a la comisura de la boca, fue aparatoso y profundo. Tuvo suerte, no le golpeó en el cuello. «Fui consciente en todo momento. No me explicaba por qué me había caído, pero sí que notaba un golpe en el labio. Pensé que me había arrancado la dentadura y lo primero que hice fue preguntarle a uno de mis compañeros si conservaba los dientes», recuerda Fernández.
«Algunos de los obstáculos son accidentales, los colocan sin saber que pueden ser peligrosos, pero otros están hechos a mala leche», explica Víctor Tarodo, vicepresidente de la Asociación Internacional de Bicicleta de Montaña (IMBA, en sus siglas en inglés). Fernández sintió el alambre de espino, pero Diego no tuvo tanta suerte. Hace escasos meses, una enorme piedra colocada en medio del camino, en un cambio de rasante, le dejó parapléjico. El juzgado número 6 de Vigo ha abierto diligencias para investigar el caso, con cuatro personas imputadas.
«La piedra contra la que chocó Diego no la puso una sola persona, ese peso no lo mueven entre tres hombres», asegura Tarodo, que alerta de que esta práctica está aumentando, sobre todo en Galicia. La Guardia Civil ha abierto una investigación por varias trampas en los montes de Verducido (Pontevedra).
Diego y Manuel son las víctimas peor paradas tras su encuentro con una de estas trampas, pero otros muchos ciclistas han visto cómo unos enormes pinchos clavados en tablones de madera reventaban las ruedas de su bicicleta al pasar por encima sin verlos.
Mientras los culpables esconden sus trampas bajo la hojarasca del monte, Fernández procura olvidar el accidente que casi le hace perder el labio. Tardó sólo 15 días en volver a subir a su bicicleta, pero ahora siempre mira al frente.